TRIBUNA
PP o la danza de los necios
TRANSCURRIDOS tres meses desde la celebración de las últimas elecciones legislativas, el panorama político-administrativo es tan dramático que, acudiendo a la semántica, la definición de caos resulta un tanto discreta, dado el quebranto psicológico en el que se halla sumido la ciudadanía. Por resumir el estado ambiental, quizás lo más preocupante sea el nebuloso horizonte de la economía por tratarse del principal escollo suprafamiliar, que se extiende a todos los ámbitos más afectados de la población. La indefinición del gobierno a la hora de ajustarse a la realidad, suscita un desánimo generalizado que conduce a la sociedad a parapetarse en el «bunker» del desengaño y escepticismo, a la espera de que la tormenta escampe y la claridad dé nuevos impulsos a erradicar la indiferencia con la que os gestores políticos conviven, cimentando sus ambiciones. Resulta sorprendente que el inmovilismo del gobierno, en temas de suma importancia, no sea contestado con contundencia por esa banda que danzan atolondrados al son de una música que el «flautista» de Génova 13, va entonando por las distintas autonomías recogiendo aplausos, a pesar de las disonantes notas de su esperpéntica «melodía». La anecdótica farsa con que «ilustramos» el comentario, justifica la carencia de ideas para lace frente a esa deriva que el gobierno oculta con falsos itinerarios. El enfrentamiento queda para casa, ya que en estos momentos es más rentable hacerse oposición casera, a la espera de ubicarse cerca al reparto de prebendas. No somos capaces de entender esa suplantación de ideas y principios con las que ha venido comulgando el PP a lo largo de su historia en la que ha cosechado éxitos importantes a pesar del incipiente recorrido. Renunciar a un proyecto notablemente encarrilado, solamente alterado por acontecimientos inexplicables e inexplicados, nos lleva a la conclusión de que quienes dirigen la nave sufren miopía galopante, o aún más grave, un estado de amnesia colectivo, distorsionando el sentido de su más que segura arribada al puerto electoral. El líder popular, que contó con las máximas complacencias de los compañeros más destacados en el quehacer político, distinguidos por una envidiable preparación y conocimientos en los ámbito administrativo e institucional, se descuelga con arrebato de autoridad, largándolos al baúl de los recuerdos, sin más justificación que la de pretender con gestos de imitación, emular el cambio político que viene adoptando el partido del gobierno, atendiendo a los consejos pergeñados de intereses personalistas, llevándolo a la defenestración de quienes en última instancia certificarán, por sufragio universal, los que han de representarles. De la serie de factores negativos, destacamos algunos que dan la medida de la posible descomposición del origen y espíritu de la formación, comenzando por la precampaña electoral en la que la composición de listas provocó más de un rifirrafe, como el caso de León que, haciendo oídos sordos en sede nacional, se saltaron el criterio de más del 80% de los militantes, amén de un porcentaje muy elevado de simpatizantes y electores indecisos. La sola presencia del número 1 privó a esta circunscripción de alzarse con otro diputado y, al menos uno más, para el Senado. La serie de SMS enviados a Génova 13 fue muy elevado, y las c onversaciones telefónicas mantenidas con destacados miembros de la ejecutiva nacional, de la que podemos dar fe, resultaron invalidadas, debido al funcionamiento endógeno en contradicción, valorando más los compromisos endogámicos que el verdadero interés por el resultado. De la precampaña electoral, ahíta de despropósitos, pasamos a la etapa post..., adobada de una alucinante catarsis, removiendo los cimientos de una casi perfecta formación y funcionamiento en progresión. El buen resultado conseguido a pesar de las barreras mediáticas, y la falta de entusiasmo de elementos comprometidos, buscando más el asentamiento personal que un posible triunfo. Su desmedido protagonismo provocó ciertas alteraciones semiocultas, que han salido a la luz colocando al partido ante la disyuntiva entre la continuidad o la escisión. Esperemos que el sentido común juegue su baza, siendo el líder el que debe aclarar su posición, no sólo con frases como la de «ahí podíamos llegar» -en varias intervenciones- precedidas de oraciones ininteligibles. Al igual cuando se expresa diciendo: «el hecho de que asumamos sus ideas no pasa nada» ¿jugar con el antagonismo de las ideas que ha venido defendiendo es asumible?. Debe medir bien la distancia entre lo conveniente y lo rechazable, y además evitar los ejemplos de Morano en León y de Gallardón en Madrid. Con presencia de estos compañeros de viaje tiene asegurada la oposición. Así como la de otros oportunistas que, con hipócrita sumisión, buscan la entronización en los despachos. El hecho de que nos interesemos por la deriva popular, no se debe a interés ideológico alguno, ya que nuestra posición al respecto será siempre la de exigir, en la medida de nuestras modestas posibilidades, el buen funcionamiento de las instituciones y, muy especialmente, la de la Jefatura del Gobierno, como máximo exponente de la Administración del Estado, en competencia sana, ausente de engaños y falsedades de los partidos en liza. Siempre valoraremos, positivamente, aquel que nos convenza de realizar una buena gestión. De momento el axioma del pesimismo planea sobre un ambiente de temor y desesperanza, debido al conformismo de los contendientes, más empeñados en ofrecern os debates descafeinados, que de esforzarse en buscar soluciones.