Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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SINCERAMENTE, no siento mi libertad de expresión amenazada porque Jiménez Losantos haya sido condenado por injurias graves a Ruiz Gallardón; también yo las percibo como injurias y como graves. He leído la sentencia y no veo disculpa posible. Cuando nada más conocer el fallo declaró que el honor de Ruiz Gallardón vale muy poco ¿está ejerciendo su derecho a la libertad de expresión? Algunos confunden tener labia con tener discurso, y no es lo mismo. Mi concepto de la libertad de expresión peligra cuando Eta amenaza a colegas o, entre otros muchos casos, cuando un tanque dispara contra un edificio que no era objetivo militar y en el que sólo había reporteros. Respeto a la COPE como emisora, creo en la importancia de que la Iglesia tenga medios de información influyentes, pero no encuentro lógica alguna a tanta tormenta diaria de ira catastrofista, salvo su poder hipnotizador sobre la audiencia, es decir, su gran rentabilidad económica. Otros injurian a diario en diferente dirección, es cierto y lamentable, pero la COPE está obligada a dar ejemplo, pues que su locutor estrella insulte a todos por igual no es una demostración de pluralismo democrático. Ya está bien de esa patraña del periodismo de raza, y demás variantes del autobombo. Moa, quien recientemente llamó «pro etarra» a Rajoy en un artículo, ayer afirmaba en otro que muchos de quienes se han alegrado con la condena a Jiménez Losantos «asesinarían si supieran que pueden hacerlo impunemente». Toma libertad de expresión. Toma corporativismo. Chesterton, el gran periodista católico, sentiría vergüenza, pero también nuestro Martín Descalzo. Para algunos, odiar es rentable; pues bien, no me interesa, ni sentirlo ni propagarlo. Cuánto delirio egocéntrico, del que no quedará ni el eco del daño causado.

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