Diario de León
Publicado por
PANCHO PURROY
León

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EL BACALAO del Báltico se reconoce por su bonito color verdoso, menos amarillento con motas blancas que el procedente de los bancos de Terranova. La sobrepesca, según la información de los científicos de Suecia, ha hecho que esta población disminuyera desde un contingente de 700.000 toneladas en 1980 a un volumen exiguo, de solo 80.000 toneladas, veinte años más tarde. Una veda total ha motivado que hoy, por primera vez, vuelva a incrementar su número. Como consecuencia, se ha autorizado que se pesquen 48.600 toneladas en el sector oriental, por parte de Rusia, Suecia y Países Bálticos, y otras 13.700 toneladas en la zona occidental, del estrecho de Kattegat, por pesqueros polacos y daneses. A ver si una recuperación parecida ocurre con las pobres anchoas del Cantábrico, esquilmadas por tanta red española y francesa. Los más contentos con la mejora del bacalao del Báltico son los bañistas de sus orillas. Este mar interior, de baja salinidad, tenía tal proliferación de algas verdes que el que nadaba salía envuelto en un moco verdoso repugnante. Al principio se pensó que la causa de la plaga hedionda de algas eran los vertidos de los ríos, con abundante carga de abonos químicos de nitrógeno y fósforo causantes de esta eutrofización marina. Un nuevo examen del problema ha dado con otra pista: la contaminación verde es consecuencia de la abundancia de espadines, peces emparentados con las sardinas y los arenques, que consumen el plancton animal, predador del plancton vegetal causante de la sopa gelatinosa en las aguas bálticas. Como el bacalao es el gran depredador de espadines, en cuanto ha vuelto a ser común, su control del pez pequeño ha acarreado una nueva época de aguas más cristalinas en las que los nadadores la gozan. Recuperar de manera urgente la originalidad de los ecosistemas marinos es la clave para que se mantengan las pesquerías tradicionales como la de este bacalao tan apreciado y, además, ciudar un mar interior que disfrutan sus pueblos costeros.

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