EL CORRO
Prada y el buen samaritano
HASTA LA PASADA semana León tenía dos relevantes embajadores políticos en el foro madrileño: Alfredo Prada, vicepresidente segundo y consejero de la Comunidad de Madrid, y Manuel Cobo, vicealcalde de la capital de España. Ambos entraron a formar parte de la nueva dirección nacional del PP en el pasado congreso de Valencia. Cobo, fiel escudero de Gallardón, a propuesta del alcalde. Por contra, Prada no lo hizo a propuesta de Esperanza Aguirre sino del propio Mariano Rajoy y ello le ha terminado costando el cargo en el gobierno madrileño. Aguirre se ha tomado como una deslealtad que su vicepresidente aceptara esa oferta de Rajoy y lo ha colocado en la calle, lo mismo que a otro de sus consejeros, Antonio Lamela, que igualmente tuvo la osadía de incorporarse a la dirección nacional del partido sin su previo y expreso consentimiento. La lideresa se las gasta así. A diferencia de Cobo, quien ha realizado toda su carrera política en Madrid, Prada tiene una larga trayectoria política en León. En 1991 se convirtió en el secretario del PP leonés y durante tres legislaturas (1993-2003) ocupó escaño en el Senado en representación de la provincia. Amparándose en esa vinculación, la actual presidenta provincial del PP, Isabel Carrasco, no ha dudado en utilizar el nombre de Prada -también el de Cobo- para inflar la exigua cuota leonesa en la nueva dirección nacional. El hecho es que el ex senador por León y ahora ex vicepresidente del gobierno madrileño está en el paro político. A diferencia de Lamela, compensado con un puesto en Caja Madrid (una vez más una caja proporcionando una sinecura política), Aguirre ha abandonado a Prada a su suerte. Menos mal que la cosa no le ha cogido ni a él ni a Rajoy por sorpresa. «Si sales del gobierno de Madrid, ya te buscaremos algún sitio», le dijo Mariano antes del congreso de Valencia en previsión de que ocurriera lo que ha acabado ocurriendo. Desconozco cuál pueda ser a corto plazo el destino de Alfredo Prada. Dadas las circunstancias, no descartaría yo que a medio plazo su futuro pase por la Junta de Castilla y León, donde el déficit de presencia leonesa -un solo consejero por seis con ficha de afiliación en el PP de Valladolid- antes o después tendrá que ser corregido por Juan Vicente Herrera. Aunque cuentan sus próximos que Herrera no está nada satisfecho del rendimiento de varios de sus consejeros, en el horizonte inmediato no se vislumbra ningún ajuste en el actual gobierno de la comunidad, que ni siquiera ha cumplido aún un año. Sin embargo, es difícil que dicho gobierno aguante toda la legislatura sin ninguna remodelación. Ésta bien podría tener lugar en torno a las próximas elecciones europeas, a celebrar en junio del 2009, plazo en el que habrá habido tiempo de comprobar lo que va dando de sí la nueva etapa que los socialistas de Castilla y León se disponen a abrir de la mano de Óscar López. El traspaso de las competencias en materia de Justicia -departamento del que se ha venido ocupando Prada en la Comunidad de Madrid- podría ser otra de las excusas para acometer ese reajuste en el gobierno autonómico. A fin de cuentas, el papel de buen samaritano encaja bastante con el perfil de Herrera.