Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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DESPUÉS DE nuestra estancia en la gloria balompédica, llena de ruido y de furia y de banderas, tenemos que volver a nuestra vida ordinaria, entendiendo como ordinaria no sólo la habitual, sino en su segunda acepción y en su tercera, que aluden a lo vulgar, plebeyo y de poca estimación. Quiere decirse que una vez festejado el éxito tendremos que hablar de nuestros cotidianos fracasos y saldrán a relucir, en vez de Casillas, Xavi y Torres, otros personajes sumamente desagradables. La alegría debiera ser elástica. No lo es y se consume en la exteriorización. Los poetas dicen que la alegría no tiene historia y que viene a ser como una ráfaga de viento que nos da en la cara. ¿Por qué no se prolongan más las cosas que nos hacen felices? Seguiremos creyendo que el mundo no está bien hecho mientras un orgasmo no dure lo mismo que la interpretación del himno nacional. El regreso de un éxito tan confortador como el de nuestra selección va a ser duro. Mientras coleccionamos cromos de nuestros magníficos futbolistas el petróleo sigue su escalada de precios. Los expertos aseguran que después del verano puede costar 160 euros el barril de crudo Brent. Que se cumpla la siniestra predicción depende, entre otras cosas, de cómo sople el viento. Si hay más ciclones en Estados Unidos semejantes al Katrina, estamos perdidos. También son culpables los especuladores. Pasa siempre: de la miseria colectiva surgen las grandes fortunas. No hay que reprocharles a países como China y la India que a sus habitantes les haya acometido la extraña manía de comer con cierta regularidad. Que nadie nos quita lo goleado en la Champion, pero no olvidemos que después del verano empieza la gran temporada y nadie colecciona cromos de políticos.

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