TRIBUNA
FARC mortalmente heridas
LAS FUERZAS Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), desprestigiadas y acorraladas, han recibido, con la liberación de quince de sus más significativos cautivos, encabezados por la franco-colombiana Ingrid Betancourt, un definitivo empujón hacia su desaparición. Consideradas como organización terrorista por Estados Unidos, desde 1997, y por la Unión Europea desde 2005, esta organización de teórica ideología marxista se desangra sin cesar. Incapaces de atraer el apoyo popular salvo por el terror, con deserciones masivas, involucradas en secuestros, extorsiones y, sobre todo, el narcotráfico, las FARC están viviendo sus días más amargos. Cuando todo parecía indicar que iba por buen camino el proceso de intercambio de cautivos, denominado Acuerdo Humanitario -copia de las estrategias usadas por otros grupos revolucionarios en la Centroamérica de los años ochenta-, Uribe se ha apuntado un sonado éxito, evitando así el lavado de imagen que dicha permuta hubiera supuesto para las FARC. Si bien es cierto que hay otros 700 secuestrados, la inmensa mayoría los son para obtener rescates, siendo tan sólo unos 40 los de alto valor político, entre los que se encontraban los ahora liberados. Sin ellos, se les priva de su principal elemento para negociar. Y de la posibilidad de ser excluidos de las listas internacionales de organizaciones terroristas. Fruto de las sangrientas luchas entre liberales y conservadores en la Colombia de los años cuarenta y cincuenta, las FARC fueron oficialmente creadas en 1964, con una base ideológica marxista y nacionalista. Aunque el declive de su poderío comenzó en 1999 con la aplicación del Plan Colombia por la administración Clinton, que perseguía la erradicación del cultivo y tráfico de cocaína, fue con la llegada al poder de Uribe cuando las FARC tuvieron que empezar a replegarse a zonas remotas y a pasar a una actitud defensiva. Hasta entonces, en 2002, todavía mantenía una fuerte presencia en las montañas que rodean Bogotá, con capacidad incluso para alcanzar con cohetes el palacio presidencial. Sin embargo, la aplicación ese mismo año de la Política de Seguridad Democrática lanzada por Uribe, y materializada por el ejército en el Plan Patriota, cambió por completo el escenario. Entre las prioridades de este plan estaban la recuperación de las zonas controladas por la guerrilla y neutralizar la posibilidad de una subversión generalizada, para lo que se comenzó una impresionante campaña de desprestigio que le restara apoyos, dentro y fuera del país, y que ha dado inmejorables frutos. A diferencia de otros grupos revolucionarios colombianos que fueron apoyados por China o Cuba, las FARC basaron su fuente de ingresos en el tráfico y, más tarde, en la producción de cocaína, pasando con el tiempo a tener una estructura criminal perfectamente estructurada. Lo que no quita para que los más veteranos, respaldados por algunos de los más jóvenes -imbuidos en ideales bolivarianos-, sigan manteniendo vivas las más puras ideas marxistas. En un intento de recuperar el idealismo e imagen romántica de los primeros tiempos, buscando legitimar sus acciones, fueron las FARC las que iniciaron los contactos con Hugo Chávez, enviando 100 millones de pesos (unos 100.000 euros) a éste cuando se encontraba preso a consecuencia de su fallido golpe de 1992. Gesto que Chávez ya nunca olvidaría. Pero frente a las FARC se encuentra uno de los ejércitos mejor preparados del mundo para el combate irregular, fruto de su larga experiencia y del incondicional apoyo de los Estados Unidos, tanto en entrenamiento como en medios. Los 222.600 hombres de las Fuerzas Armadas de Colombia, de los cuales 178.000 pertenecen al Ejército de Tierra, forman una fabulosa maquina de combate perfectamente engrasada. A ellos se añaden unas Fuerzas de Seguridad que suman 129.000 componentes, dotadas de armas ligeras y helicópteros, y controladas por el Ministerio de Defensa para misiones de seguridad interior. Además de 7 divisiones (19 brigadas), dispone de la Brigada anti-narcóticos -creada con la generosa ayuda económica de la administración Clinton- y la Fuerza de Despliegue Rápido, capaz de reaccionar ante una ataque de las guerrillas en cualquier lugar del país. Todas sus fuerzas altamente especializadas reciben habitualmente entrenamiento de las fuerzas especiales de los EEUU. El presidente Uribe ha asumido al mando personal de las Fuerzas Armadas, dejando al Ministro de Defensa solamente su administración. Este impresionante dispositivo ha obligado a las FARC a mantener una postura defensiva, limitándose a proteger sus territorios y sus principales vías de comunicación (incluyendo, obviamente, las rutas empleadas para el narcotráfico). Al tiempo que le ha obligado a ser muy móvil, para evitar el permanente asedio de las fuerzas gubernamentales, y a desprenderse de su material y equipo más pesado. Desde el 2002 tan sólo han realizado esporádicas acciones contra carreteras, oleoductos e instalaciones militares o policiales, mientras sus efectivos se han visto reducidos a la mitad, no llegando actualmente a los 10.000. Sin duda alguna, aún será un fuerte dolor de cabeza para el gobierno, pero su capacidad para conseguir su objetivo estratégico de subvertir el orden democrático e instaurar un sistema comunista está más lejos de poder ser alcanzado que nunca .