CRÓNICAS BERCIANAS
Los que no lloran
NO ESTÁN ac ostumbrados a protestar. No arman gresca. No son molestos a los ojos y oídos de los políticos y las administraciones. No lloran en público, y si lo hacen, casi siempre en la intimidad. Muchos se creen que están hechos para el trabajo del día a día, y poco más. Aceptan su situación como algo irremediable, ya dado, y con pocas posibilidades de cambio inmediato. Si acaso, a largo plazo. Tienen una sabiduría innata, fresca, viva. Son auténticos. También bondadosos, generosos. Gente que sabe lo que cuestan las cosas y le da valor a lo ínfimo, porque están acostumbrados desde siempre a sacarse las castañas del fuego, a que nadie les regale nada. Lo que tienen lo han ganado a pulso y en buena medida con sudor. Casi sin ayudas ni grandes o pequeñas alharacas. De las entrañas de la tierra en donde viven ha salido una ingente riqueza, que a su vez ha creado más riqueza. Pero lejos de allí. No en sus pueblos. El valor añadido o las plusvalías de su trabajo, y en buena medida de sus empresarios, se va para fuera, a la urbe. Por citar un ejemplo gráfico, a estas alturas de la película, casi acaban de estrenar aceras. Y no miento, hay pueblos que ni eso. Por eso, porque son resignados, y en parte porque han estado siempre castigados y dejados de la mano de las administraciones y sus administradores, no se quejan. No han sido nunca los niños mimados del cortijo de los dineros públicos. Apenas migajas. ¿Que a quién me refiero? Pues a los pueblos pizarreros, a sus gentes, a sus empresarios, que son los que están dando vida al terruño. A los pueblos de La Cabrera, La Baña, y a los del valle bajo del río Cabrera. A los de los municipios de Benuza y Puente de Domingo Flórez. A los de Oencia. Y tantos otros que todos sabemos. Hace unos días viajó al Bierzo el que planifica las carreteras y los trenes del Ministerio de Fomento. Habló de la autovía de Ponferrada a Orense y vino a decir que prácticamente la zona de Carucedo, Puente, Benuza y también la orografía pizarrera de Casayo, Sobradelo y demás, seguirá aislada. Como siempre. Otra vez castigados y contra la pared, padeciendo carreteras con trazado de hocico de burro, impropias para estos tiempos. En Puente de Domingo Flórez ha surgido un tímido intento de elevar la voz. Piden al menos un enlace directo a la proyectada autovía Ponferrada-Orense y vuelven a aceptar con infinita resignación que el trazado siga por La Barosa y Rubiana hacia Valdeorras. Y siguen, -como digo-, siendo tímidos en la reivindicación lógica de infraestructuras para una zona pizarrera que tanta riqueza ha generado y está creando. Pero yo, que ni soy Juana de Arco ni lo pretendo, quiero desde esta pequeña parcela del periódico pegar un puñetazo en la mesa y decir en voz alta a los que mandan en la administración que ¡ya está bien de castigar a estas tierras!. Los camioneros que vienen desde Francia o Alemania alucinan cuando tienen que meter su camión por estas carreteras para sacar la pizarra. Y lo que les llama la atención es que las gentes que aquí viven, pues eso, vivan en la resignación. Así, señor Morlán, señores y señoras políticos, echen una mano a los que no lloran. Pero no al cuello.