Diario de León
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PASÓ POR PONFERRADA el secretario de Estado del Mi nisterio de Fomento como un plúmbico mercancías y se mofó de todos los bercianos con una condescendencia general de la clase política local rayana en lo borreguil. Víctor Morlán habría sido más honesto si hubiera confesado que su visita era de simple placer, para comerse un pulpo a feira con los colegas o para constatar el buen envejecimiento de la mencía. En lugar de eso, traumatizado por los marrones que se ha tenido que comer con los plazos del AVE catalán, no aportó ni una fecha para la llegada de la alta velocidad ferroviaria a la comarca, ni para nada. Morlán, en todo caso, tal vez haya cumplido con su trabajo de burócrata bien remunerado. Lo más ominoso es la inacción de quienes se supone que desde una u otra formación deberían defender los intereses de los administrados comarcanos con cierta vehemencia. El PP, imbuido por su nuevo viaje al centro de la corrección política, ha mostrado una tibieza tan triste en la réplica al secretario de Estado que hace pensar que el Gobierno no le meterá ni la más mínima prisa a la ejecución de los proyectos pendientes. De hecho, la patronal gallega ya ha pronosticado que la línea entre Ponferrada y Monforte será la última del Noroeste en ver la luz. Los populares se han limitado a lo suyo, a defenderse poltroneramente de las críticas de Morlán a la herencia recibida sobre el trazado del AVE de León a Ponferrada. Unas críticas, por otro lado, que ya exasperan al ciudadano y que sólo apestan a pretexto. Puede que sea cierto que el PP no dejó más que un agujero negro en torno a esa línea. Pero más cierto aún es que van para ocho años de gobierno socialista -con la correspondiente expiación de penas populares en la oposición- sin que haya visos de que se cumplan las promesas de los representantes del Ejecutivo de tener el AVE en el 2010, ni siquiera la del propio Zapatero para el 2012. Pero paupérrimo también, aunque quizás en menor medida, ha resultado el papel de comparsa del presidente del Consejo del Bierzo, José Luis Ramón, quien habitualmente se ha distinguido por hacer valer sus ideas en pro de la comarca aún en contra de algunos postulados de su partido. El Consejo pierde de nuevo la oportunidad de abanderar una gran causa como la de la llegada del AVE en un plazo razonable, que podría granjearle un reconocimiento social del que sigue más bien huérfano. La visita de Ramón hace sólo unos días a una cárnica de Bembibre para analizar cómo se gestionará en el futuro el matadero comarcal resulta una oportuna metáfora de hacia dónde se encamina la comarca con una tropa política como esta, a la que el retraso de un proyecto capital como el de la alta velocidad apenas le conmueve. Resulta lacrimógeno, en cambio, constatar cuanta ilusión genera la participación del Bierzo en el campeonato gallego de juegos tradicionales. ¡Eso sí que es progreso y modernidad!. Aunque en el 2016 nuestros ases de la billarda tengan que seguir viajando al Grove cuatro horas y media en tren hasta Redondela y dos más en autobús. En los mataderos modernos, por cierto, habrán observado como los gorrinos apenas chillan al ser sacrificados. Pues eso.

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