CRÓNICAS BERCIANAS
Milagros, los justos
YO EN MATERIAS de santoral -don Antolín me perdone- siempre he sido un pragmático recalcitrante. Abracé desde bien pequeño a Santa Marina -del Sil-, que es el pueblo de mi padre, porque era rara la visita que le rendía que no regresara en el Mixto de la extinta MSP con cuatro o cinco duros en el bolsillo. En cambio, nunca me cayó demasiado bien San Andrés -de Montejos-, que era el pueblo de mi madre, porque jamás hallé tamaña generosidad. Además mis tías -por vía paterna- no dejaban tampoco de recalentar el ambiente, señalando a los de San Andrés como unos hijos de la virgen del puño. Con estos precedentes de tierno materialismo infantil no debería ser yo, en el día grande de las fiesta de Ponferrada, quien aconsejase al alcalde de la ciudad sobre hacia dónde dirigir sus preces durante la tradicional ofrenda. Pero tal y como pinta la crisis, y quebrada casi toda mi fe en San Pedro (Solbes) y en San Jean (Trichet), creo que don Carlos López Riesco no debe perder la oportunidad de reclamar la intercesión de la Morenica. Porque en los tiempos que corren hay que empezar a creer en algo más que en lo terrenal. El oferente debería tal vez rogar en primer lugar a la Encina sensatez para su gobierno a fin de no ir más allá de aquellos proyectos de andar por casa hasta que no despeje la que está cayendo. Porque con la bajada de ingresos generalizada y la vuelta de tuerca del Gobierno a la financiación local, o La Encina le ilumina o igual se le llega a pasar por la cabeza algún tipo de subida estranguladora de impuestos. En el mismo plano, no estaría de más demandar una pizca de memoria para Zapatero como para que no olvide en lo que resta de legislatura la entrevista que tres días antes de las generales le concedió a Luis del Olmo en la que se comprometió a tener el AVE a las puertas de la ciudad entre 2012 y 2013. Tampoco sería mucho pedir cierta velocidad para esos centros logísticos de la Junta y del Ejecutivo central que parecen los cuentos de nunca acabar. Y acaso aceleración máxima para la ejecución de la autovía a Orense cuyo proyecto acaba de salir a información pública. Más que nada, porque son todos asuntos que puede que al margen de la atención divina se queden presos entre el cerumen de la incuria de la primera línea de jerifaltes de una u otra administración que esta mañana acudirán a la celebración del Día del Bierzo. Lo demás, que apriete el sol para que la mencía madure bien, que el presidente de Boeing se enamore de una rubia de Oencia y monte una planta de diez mil empleos en Gestoso; incluso que el Consejo Comarcal llegue a tener algún día ciertas cotas de autogobierno, cae dentro del terreno de los milagros. Y no digo que la mirífica metamorfosis que ha vivido Ponferrada en los últimos tres lustros -como los 22 pregoneros que el jueves abrieron las fiestas resaltaron- no tenga mucho de milagroso. Pero hay cuestiones a estas alturas que parecen ya más propias de Santa Rita -patrona de los imposibles- que competencia de la Morenica. Y no me refiero tampoco al hecho de que el PSOE berciano persiga que José Luis Ramón o Helena Castellanos sean los próximos vicesecretarios de Paco Fernández en la dirección provincial.