CONTRACORRIENTE
Maestros
LEÓN ES UNA provincia con una colonia arraigada de maestros y maestras, en una tradición que se remonta a los tiempos de la Institución de Libre Enseñanza, que tuvo su máximo esplendor en la época en que la Fundación Sierra Pambley introducía, a principios del siglo pasado, aplicaciones pedagógicas especialmente innovadoras. Luego ya sabemos lo que vino, pero de alguna forma la semilla del magisterio, el prurito de dedicarse vocacionalmente a la enseñanza, prendió entre muchos leoneses -sobre todo, mujeres- que dedicaron los mejores años de su vida a impartir clases en condiciones y orografías particularmente difíciles. Esos profesionales se merecen sin duda nuestro respeto y nostalgia. No todo el monte es orégano, claro está, la figura de maestros autoritarios o de señoras más preocupadas por su cardado o por criticar a otro colega que por sus propias clases ha existido siempre y no vamos ahora a sorprendernos de que la garantía de una plaza para toda la vida -en el caso de cualquier funcionario- actúa muchas veces como un progresivo desincentivo personal. Corren otros tiempos, no creo que haya mejores o peores educadores que antaño, seguramente se repartirán los que acuñan una dedicación y responsabilidad moral intachables junto con los zánganos y los carotas de siempre, pero todos sabemos que existen nuevos factores, particularment e los que proceden del entorno familiar, que a veces es un recurso de colaboración y otras, las más, una fuente de conflictos perpetua. Ahí es nada lidiar con irresponsables que no ponen un pie en el aula, o todo lo contrario, con auténticos moscones que están convencidos que sus hijos han sido tocados por la gracia divina y convierten a los maestros en rivales facinerosos. Niños consentidos por familias insoportables que, por si fuera poco, provocan el pánico de las autoridades educativas, dadas a dejar a sus empleados a merced de los leones. A esos buenos maestros que empiezan, suerte, y que no les abandone la ilusión y la tenacidad.