LA VELETA
¿El PNV culpable?
HAY sectores en la sociedad española que, en voz alta, se las arreglan para, de alguna manera, culpar también al Partido Nacionalista Vasco de las locuras y crímenes de ETA. El último grito en este sentido ha sido el de mi querido paisano y amigo el presidente cántabro, Miguel Angel Revilla, con quien tantas coincidencias mantengo en la tertulia radiofónica de Luis del Olmo, que semanalmente compartimos. Lamento mucho, por tanto, volver a discrepar de él en este punto concreto, aunque comprendo bien la rabia, el dolor, de Revilla ante el cadáver, en la amada localidad de Santoña, de un militar, Luis Conde, un buen hombre que tuvo la mala suerte de estar ahí, donde la estupidez de los asesinos quiso, por tercera vez en dos días, derramar sangre, siempre inocente. Son esa estupidez, esa locura, ese odio irracional al sistema de estos «redentores» sin causa que conforman la banda del horror, los únicos culpables, a mi juicio, de los coches bomba, el tiro en la nuca, las extorsiones. Querer extender esas culpas a un gobierno central que fue calificado como «demasiado tolerante» a una oposición a la que se acusó de «estar por el no a todo», o a un PNV al que algunos llegan a llamar «cómplice» de ETA, me parece un desenfoque nos aleja de las verdaderas soluciones. La verdad es que, si tengo simpatías por el nacionalismo vasco, no he llegado a detectarlas; quizá otros más agudos las hayan visto antes que yo. Tras tantos años de comentarista político, ni siquiera he llegado a conocer personalmente a este leendakari, porque, me dice su jefe de prensa, no les gustan los periodistas «de Madrid». No comprendo que, a estas alturas de la película, se pueda hacer política en nombre de «Dios y las leyes viejas», ni que el busto simbólico de alguien como Sabino Arana presida el ideario del partido. Pero eso es una cosa, y llamarles cuasi terroristas, como este lunes hacía el editorial de un gran periódico madrileño, por no citar de nuevo a mi admirado Revilla, es otra. Puede que los lenguajes de los nacionalistas vascos sean ocasionalmente de doble filo, acaso sus condenas verbales no sean lo suficientemente tajantes; quizá Ibarretxe guarda silencio cuando no debería hacerlo y habla cuando estaría mejor callado. Tengo para mí que la política reivindicativa fuera de texto y contexto que está llevando adelante el lendakari acabará mal ante las urnas, si es que en su propio partido, donde crecen las voces críticas hacia esta política, lo ratifican como candidato. Pero ya digo: pedir una consulta de autodeterminación y protestar ante el Tribunal de Estrasburgo por los hipotéticos abusos del «Estado español» nada tiene que ver con los asesinatos de ETA, que es acaso el peor enemigo de un PNV que, al paso al que le lleva una parte de sus dirigentes, acabará por perder las elecciones y el poder.