Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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LA ÓPERA, dijo aquel, es eso en lo que apuñalan a un tío y quince minutos después el tío sigue cantando. Al lamento agónico de la víctima suelen unirse a estas alturas de la obra el llanto agudo de la viuda, el desgarro de la amante despechada, la voz queda del asesino a sueldo, la risotada del traidor, el clamor de justicia del rey, el susurro de incertidumbre del esclavo,¿ Y el coro todo del pueblo, coronado por el gallo tiple de una cortesana que pasaba por allí. Momento culminante que suele ir acompañado por la cuerda en pleno, el in crescendo del aire y el retumbar de la percusión. Hay que tener el oído muy educado en cuestiones musicales para distinguir con cierta claridad en medio de este guirigay la argumentación del apuñalado, la justificación del traidor o las conclusiones del pueblo, sin dejarse distraer por las intervenciones extemporáneas de los juglares y los bufones; y sin que el tono de la música nos haga perder el hilo que lleva al desenlace: el silencio, después de tanto estruendo. Algo parecido ha pasado con Lagun Air, que más allá del drama empresarial y del encargo envenenado que ha supuesto la aventura, se ha convertido en una opereta en la que no falta ninguno de los personajes antes citados. Alguno ha querido destacar tanto, y se ha llevado tal rabieta al ver frustrados sus planes maquiavélicamente pergeñados, que ha concluido su participación (de momento) con profusión de gallos y asonancias. Cuando llegue el silencio se verá que más allá de envenenados intereses políticos y personales, pierden los leoneses. No tanto iniciativa o poder como confianza y optimismo. Llegará el silencio, pero no concluye ahí la obra. El apuñalado se ha cansado de cantar, pero está vivo. No falta quien espera ansioso que caiga el telón para rematarle.

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