Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

La crisis y la mujer

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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ASÍ COMO QUEDÓ grabado en la heráldica de piedra de la información la consigna de que las bicicletas eran para el verano, se puede afirmar que la televisión es para la mujer. Y no ya por la preponderancia de las chicas guapas, aptas para el desfile y dispuestas para cubrir todos los puestos políticos que fueran precisos para que la máquina de gobierno no se detenga, caiga quien caiga. Es que el papel de la mujer en la sociedad moderna ha tomado un color, un tono y una costumbre que obliga a pensar que solamente la mujer es apta para representar la alegre farsa. Y se nos ocurre esta reflexión inicial, después de haber caído en la lectura de la historia de una novia, de nombre Violeta y Santander de apellido, a la cual le dio por acudir a la feria de las vanidades, que es la televisión operante en nuevo término autonómico, para autorizar y representar directamente una de las más escabrosas fábulas de cuantas solamente a una chica en estado de gracia se le ocurre. Que viene a ser la siguiente, contada mediante datos proporcionados por la intuición y recogidos en la escombrera que es ya la televisión basura para mantener el interés general del público: Un chulo de los de vía libre, al que acompañaba su chica, se enfureció no se sabe por qué, y dicen los que lo dicen, que la maltrató. Eso del maltrato de la mujer es una forma miserable de imponerse y también, o sobre todo, un oficio que permite a los protagonistas vivir del cuento, incluso a costa de que fuera verdad lo de mujer maltratada. A la tal y cual señorita Violeta, la dio por la contraria y en vez de efectivamente solicitar amparo y tafetán para los moratones, se acercó al comercio televisivo para mantener justamente o injustamente lo contrario: Que no la maltrataba nadie, que el señor al que se le atribuía la chulada era más bueno que el pan y que el caballero que salió en su defensa se había equivocado de víctima. Se montó el correspondiente cirio y a la televisión emisora de la comedia, la costó la broma un montante de cerca de 50.000 euros, por este primer episodio. Porque la villana manipulación sigue y la mujer de esta hora nuestra, en lugar de trabajar decidió seguir ideando historias macabras y cobrando por ello. Y así se mantienen sendas señoras que siempre tienen historias que contar y de las cuales sacar el precio que les acredita como vulgares mujeres del montón... España, en plena crisis, está descubriendo la formula más fácil para ganar dinero sin vender ni el cuerpo ni la teta triunfal. Y no cabe atribuir esta forma mísera de ganarse la vida a la pobre chica, sino a quienes han convertido el instrumento de información y de formación en una casa de citas a tanto la función. Las bicicletas pueden ser para el verano pero la mujer no debe ser para el comercio sentimental a tanto el episodio. Salvo que la televisión, efectivamente, sea el medio más eficaz y provechoso para dominar la crisis.

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