CANTO RODADO
De colores
LAS obras del Hospital de León, con 30 millones de euros, suponen la partida presupuestaria más importante que la Junta de Castilla y León dedica a un proyecto concreto en los presupuestos del 2009. Y aún faltarán dos ejercicios más para que las obras finalicen. Toda una década para la transformación de lo que en su día fueron dos hospitales: la residencia Virgen Blanca y el Hospital Princesa Sofía. Para este viaje... habríamos hecho un flamante hospital nuevo. Pero como no se puede vivir de sueños, hay que olvidar las lamentaciones. A lo hecho, pecho. O sea, que algún día esperamos ver terminada la dichosa reforma-remodelación-reubicación. Está bien que la Junta invierta en el Hospital de León, pero estaría mucho mejor si no se perdiera de vista la función real del centro sanitario: atender a la población lo mejor y lo más pronto posible. Porque hacer obras gigantescas sirve de poco si se pierde de vista a quienes realmente tienen que beneficiarse de este ingente gasto en cemento y tecnología punta. Las listas de espera, convertidas en mal endémico, ya no son noticia. Las personas que esperan una consulta son citadas por carta, de modo que ningún trabajador o trabajadora tenga que ruborizarse por comunicar al paciente-paciente: su consulta de Neurología, aunque sea preferente, no podrá ser antes de tres meses y medio. Las listas de espera son una consecuencia directa de la falta de médicos especialistas. León, con ser una de las provincias más envejecidas tiene un geriatra para las dos áreas de salud. Alguien, quizá algún consejero, debería ponerse de colores al ver que los hospitales de León y el Bierzo tienen 1,21 y 1,11 facultativos por mil habitantes, mientras Valladolid tiene 1,81, Salamanca 1,56 y Burgos 1,84. Las comparaciones son odiosas... pero muy elocuentes. La creación de una Facultad de Medicina en León traería más personal facultativo, es un revulsivo económico y un reto para la universidad, ahora que su rector se ha decantado a favor del prroyecto.