AL TRASLUZ
Bisabuelo de hierro
EL FERROCARRIL español cumple hoy 160 años. Tren es una palabra tan arraigada en nuestro idioma, que lo mismo la utilizamos para describir a la señora con quien no nos importaría descarrilar, que un intenso ritmo de vida, o las oportunidades que ésta nos pone delante. Hermoso monosílabo donde los haya. En estricta cronología, la primera línea española fue en la Cuba colonial, a la que siguió la de Barcelona-Mataró. Y ya puestos en cronologías, una de las primeras películas de los Lumiere, creadores del proyector cinematográfico, fue la llegada del ferrocarril a la estación de Ciotat, que produjo escenas de pánico en quienes creyeron que se les venía encima. Cada cierto tiempo, este rey de los dinosaurios se rejuvenece a sí mismo. Cuando le creías desfasado y ya eco del ayer, el bisabuelo de hierro te sorprende con una nueva proeza de velocidad, aunque siempre en proporciones humanas, que podríamos delimitar en lectura pausada del periódico, cabezadita de sueño reparador y contemplación relajante del paisaje, pues el día que este medio de locomoción ofrezca a sus viajeros un visto y no visto, mero santiamén, ya no será un tren sino mera patada transportadora. Además, Renfe tiene una admirable labor cultural y social gracias a unos planteamientos empresariales que no se fijan como único objetivo la venta de billetes. Por ejemplo, la escultura «Vieja Negrilla» de Amancio, volverá a Ordoño gracias al mecenazgo de esta institución, pero sobre todo a sus equipos humanos, sin los que ningún gran proyecto triunfa. El bisabuelo de los medios modernos de locomoción cumple años en plena forma, y todavía los ciudadanos vinculamos su presencia -la de sus avances tecnológicos- a nuestro progreso. Ninguna ciudad quiere ser furgón de cola. Felicidades, bisa.