AL TRASLUZ
Por ciencia infusa
POR MOTIVOS inescrutables para cualquier otro europeo, los españoles estamos especialmente dotados para la adquisición de conocimientos por ciencia infusa. Ya desde en el vientre materno sabemos de política, fútbol y cómo se baila Paquito Chocolatero, disciplinas que a un alemán o a un inglés llevarían años de agotador estudio. Nosotros no sólo venimos al mundo con un pan debajo del brazo, además con un doctorado. Ahora, a esta trilogía de conocimientos por arte de birlibirloque, podemos añadir otro: todos sabemos cómo se hace un proceso de integración de cajas de ahorro. Asombroso prodigio, triple mortal de los conocimientos porque sí. No es de extrañar que Occidente entero nos tenga envidia. Un español se acuesta sin el bachillerato y se levanta experto en física cuántica, además de dominando un idioma extranjero. Qué estudien ellos, los otros, nos decimos, porque a nosotros nos basta con este privilegio neuronal que nos rebosa. Aquí son cervantistas hasta quienes no han leído El Quijote, ¿y para qué lo van a leer si ya saben cómo termina? Y si no se sabe, pues se inventa, total sólo se van a dar cuenta cuatro. Un día vas caminando por la calle y, de repente, por abracadabra, te das cuenta de que eres una eminencia en todo aquello que hasta ayer ignorabas que existiese. Viva nosotros. En cambio, los estadounidenses, serán pringadillos, todo tienen que conseguirlo con esfuerzo y a golpe de patriotismo. Nosotros no necesitamos sueño americano, pues inventamos la siesta. Por si alguien no se ha dado aún cuenta, esto es una columna irónica. En España, además de refundar el capitalismo habría que refundar antes la humildad. Y mientras, en el Congreso siguen los escaños vacíos. Será porque ya todo ha sido debatido¿por ciencia infusa.