ZP y la oposición
SIGUE DANDO ocasión para la controversia interna el tipo de oposición que Rajoy se empeña en hacer a la política económica de Zapatero, quien critica su «desbarajuste» por haber dictado hasta ocho paquetes de medidas distintos, y sin embargo, incoherentes e insuficientes... Mientras las distintas encuestas divulgadas en las últimas semanas señalan que Zapatero sufre un claro deterioro, todas coinciden también en poner de relieve que el de Rajoy es igual o incluso mayor. Rajoy, por su parte, según algunos de sus fieles, se siente tan seguro que él mismo tranquiliza a los suyos cuando expresan alguna preocupación en las reuniones. Les ha ordenado que no entren a responder a Aznar, y alguno incluso sostiene que está contento de que haya salido con tanta agresividad, porque la imagen del ex presidente, muy deteriorada, puede ayudar a centrar aún más la línea de Rajoy, que busca el voto. Y en fin, los neutrales, los que apoyan al líder y no quieren oír hablar de Aznar o de Esperanza Aguirre, pero no son entusiastas del marianismo, están desanimados porque no paran de escuchar entre la militancia y en medios críticas crecientes al liderazgo de Rajoy.
Entre estos últimos, mucho más numerosos que los críticos, ya se ha instalado una convicción: si el líder no despega en 2009 sólo hay una solución con nombre propio: Alberto Ruiz-Gallardón. La otra opción, la de Esperanza Aguirre, ha sufrido un importante bajón en los últimos tiempos: aunque sigue teniendo apoyo de «sus fieles», cada vez se ve más severamente criticada y enjuiciada. Como ejemplo, se menciona el «caso Bombay», de fuga de un problema que pudo haber afrontado y del que prefirió huir «por piernas... en calcetines», o pisando sangre... En efecto, si en un primer momento pudo ser, y lo fue, motivo de chanza y broma en algunas redacciones periodísticas, poco a poco, el viaje de Esperanza Aguirre a la India, y en particular, su precipitado regreso desde Bombay por causa de los atentados terroristas que se produjeron en su hotel de cinco estrellas, se ha convertido ya en ocasión para la crítica política más despiadada. Han participado en ella, en primer lugar, el eurodiputado Ignasi Guardans, de CiU, y a continuación José Blanco, del PSOE. Uno y otro han criticado con acidez el «sálvese quien pueda» que puso en marcha la presidenta de Madrid cuando supo de los primeros disparos en su hotel. Y han hablado de que «la presidenta se marchó corriendo al aeropuerto sin importarle la gente», en una actuación que no dudan en calificar de vergonzosa y cobarde... A favor de Esperanza Aguirre sólo se han mostrado ella misma y Javier Arenas. Los medios propicios a Aguirre han preferido no entrar a este trapo, posiblemente conscientes de que el episodio favorece bien poco la condición de entereza y valentía de «lideresa» de la presidenta...