Sentimiento de solidaridad
LOS SENTIMIENTOS de identidad, de pertenencia a un territorio concreto y bien definido, son cosa compleja que, a pesar de tanto estudio y tanto artículo sobre nacionalismo, regionalismo, etnia y folclore, aún nos parecen
y como movediza, sujeta a un sinfín de impulsos irracionales, nunca bien explicados, siempre hipersensibles.
Un aspecto central de esos comportamientos es el sentimiento de solidaridad, real o figurado, que une a las gentes y hace que no sean extrañas las unas a las otras. Es un hecho curioso. A lo largo de la historia, las sociedades han visto a la Humanidad dividida en dos: los forasteros, los extranjeros, los
; enfrentados a los compatriotas, los paisanos, los
. Una cierta incapacidad para ver el mundo de otra forma que los imperios, reinos y otras unidades políticas y religiosas (sobre todo tras la creación de estados nacionales a partir del siglo XV) se han preocupado muy seriamente por reforzar gracias a herramientas bien conocidas (la religión, la lengua, la épica...) de modo que el control social sea más fácil, más eficaz.
Las nacionalidades ibéricas han seguido esos mismos caminos: eligiendo una serie de elementos culturales (la lengua, sobre todo, pero también la historia, e incluso la etnia, como en Euskadi) para ir galvanizando en sus respectivos territorios una identidad fuerte, en algunas ocasiones opuesta o incompatible con otras. El tiempo dirá si los esfuerzos de estos gobiernos y entidades caminan hacia un enriquecimiento conjunto y diverso o hacia un encerramiento progresivo, cada vez más estanco.
Y ya que hablamos de identidad no dejaremos de notar aquí el fracaso de la entidad autonóma llamada «Castilla y León» a pesar de los muchos esfuerzos de sus gobernantes. Por el momento, las provincias que componen esta artificial amalgama se han caracterizado por luchar entre sí por las migajas que deja la capital, dejando un fragmento (el castellano) en la pura insustancialidad, y parte del otro (el leonés) en la permanente ofensa y la hipersensibilidad. Aquí sí que no hay solidaridad.