Diario de León

LA ASPILLERA | VICENTE PUEYO

Profecías rotas

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León

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TENGO un amigo de esos de toda la vida, y de dos si las hubiera, que vive en una ciudad cuatro veces mayor que ésta. Con seguridad este amigo está entre las diez personas de esa ciudad que mejor conocen su oficio: diseñar cocinas. Le quedan 8 ó 10 años de vida laboral activa y su experiencia, capacidad de trabajo y honestidad profesional están fuera de toda duda. El otro día, para celebrar las Navidades, se quedó en la calle junto con la veintena de compañeros que conformaban una pequeña empresa dedicada a mobiliario de cocina. La ecuación era mortal de necesidad según el empresario: la construcción se ha parado, luego no hay pedidos. Eso sí, se cuidó previamente de reconducir la cartera de clientes, construida con tanto esfuerzo por sus empleados, a otra pequeña empresa desde la que se parapetará hasta que el temporal amaine.

Sólo es un ejemplo. Mi amigo es ya uno más entre esos 3.128.963 de parados que han encendido todas las alarmas: la mayor cifra de la que las estadísticas tienen memoria. Uno más, un drama más, íntimo, personal, que deja un rictus perplejo y te llena el horizonte de preguntas; pero también un drama social y colectivo: ¿qué tipo de sociedad hemos construido que prescinde alegremente de quienes están en las mejores condiciones de aportar lo mejor de sí mismos?

Y hay más preguntas: ¿adónde queremos ir a parar con toda esa nutridísima legión de ministros, diputados, concejales, procuradores, consejeros, sindicalistas... que están como desaparecidos en un combate en el que da la sensación de que están cautivos y desarmados cuando es urgente verlos en las trincheras?

Desde la Junta se nos anunciaba ayer un plan de choque, una especie de «electroshock» en forma de mil millones para fomentar la obra pública y aprovechar el tirón para incrementar la actividad económica. También se pretende agilizar la convocatoria de subvenciones por valor de 2.000 millones, principalmente para apoyar al sector agrario y al sector empresarial. Y se han lanzado al aire, con la ligereza de un cometa, cifras de esas que llenan la boca de los portavoces y luego, al cabo de los meses, llenan de sonrojo, si es que a alguien le queda la capacidad se sonrojarse: ¿de verdad se van a emplear a 25.000 personas en Castilla y León con esas medidas que se nos anuncian? De momento, en León lo que está meridianamente claro es que estamos ya por encima de los 30.000 desempleados. Y que, como ayer se advertía, la provincia no cuenta con un tejido productivo suficiente como para absorber semejante volumen de paro.

Lo cierto es que lo único que ha ido creciendo de forma patente es la desconfianza ciudadana. Resulta patético, a estas alturas de la película, recordar a un Zapatero eufórico asegurando, a quien quisiera oírle, durante la campaña electoral, que ésta iba a ser la legislatura del «pleno empleo». Ciertamente profético.

El presidente tiene en esta crisis de hondo calado su auténtica piedra de toque. Se acabaron las alicias, las sonrisas, las promesas y hasta se tambalea esa buena suerte legendaria. Es hora de ganarse el sueldo, de mirar para casa, de buscar salidas realistas, creíbles y efectivas. Mi amigo no las ve; el que suscribe tampoco.

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