Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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TANTO LA VIDA como la literatura necesitan crear sus propias leyendas. Y si ahora mismo la temperatura histórica pasa por la investidura de Obama, no podemos dejar de lado el doscientos aniversario que acaba de cumplir el gran Edgar Allan Poe, un gallo al rojo vivo que, contra viento y marea, lograría convertirse en maestro del relato corto y padre del género criminal que tanto nos gusta a algunos. El talento suele estar mal repartido, y este bebedor compulsivo con problemas de escritura acaparó casi todo el correspondiente a su generación. Han pasado dos siglos desde su nacimiento en Boston pero Poe no está muerto, que sigue de parranda. Y desde su tumba, congratulándose ante el ataque de sensatez padecido por sus compatriotas al elegir a Obama como desfacedor del mayúsculo disparate en que se ha convertido el mundo. Su cuaderno de buenas intenciones incluye una cosecha de pensamientos tan audaces como reconducir los desvaríos bélicos de Bush, el colgao tan fumao que los americanos aceptaron como animal de compañía, o cerrar para siempre ese asunto de Guantánamo que da vergüenza ajena.

Existe, en fin, un consenso generalizado acerca de que Obama mola mazo, pues parece dispuesto a cumplir eso de gobernar con todos y por el bien de todos. No obstante, ya han saltado a escena algunos adeptos al viejo vicio de buscar a cada Aquiles su talón y a cada belleza su lunar. Y a la cabeza de todos ellos, cómo no, Aznar el templao. Lo último que sabíamos de don José María es que había echado una instancia para entrar como bailarín en el coro de Amy Winehouse, pero como los silencios no son su fuerte ya ha calificado a Obama de exotismo o no sé que otra barbaridad. ¡Qué tío por dos reales!

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