EN BLANCO | JAVIER TOMÉ
¿Qué crisis?
¡QUÉ BRUTICO se está poniendo el Producto Interior Bruto! A decir de los expertos en catástrofes económicas y otros miasmas financieros, la avaricia a corto plazo ha derrotado en toda regla a la tan cacareada sabiduría del mercado, preconizada a bombo y platillo por algunos trileros de los valores occidentales. Ahora sabemos que eran cuentos de Calleja, focos de filibusterismo generadores de pobreza para casi todos, a excepción de unas cuantas ratas de cloaca que ya tienen a buen recaudo su parte alícuota en la rebatiña. Y así, como decían nuestros abuelos, estamos tan pobres que ya no nos queda cara ni para persignarnos. Ante unas cifras de paro y miseria que te cortan el bofe, hay quien recomienda la lectura de manuales de autoayuda. Y otros, volviendo la mirada muy hacia atrás, han rescatado del cajón de la memoria a Marxs, reputado hasta no hace mucho de viejo chivo judío y resentido, partidario a ultranza de la teoría del cuanto peor, mejor.
La vida no es más que un complejo y descarado fraude, más antiguo por cierto que la misma Biblia. Hay tienen a las autoridades económicas de Zimbabue, que para combatir la inflación galopante han sacado a la calle un nuevo billete de 100 billones de dólares. ¡Guay! Con la que está cayendo, uno debe sentirse como en el séptimo cielo llevando en efectivo semejante morterada, dicho sea en terminología cheli. No sé qué hacen tocando el violón Solbes y Zapatero, pues no parecen tomar nota de tan brillante estrategia contra el vudú que nos acecha. Aunque lo cierto es que somos demasiado españoles para ser honestos y al final, tal como asegura esa biblia de lo popular que es el refranero, de enero a enero, el dinero siempre es del banquero. ¿Para qué hacernos mala sangre?