EL RINCÓN | MANUEL ALCÁNTARA
Il Cavaliere
NO PUEDE decirse que la muerte, tan calumniada, esté mostrando mucha impaciencia por llevarse con ella a Eluana. La muchacha lleva 17 años en coma irreversible, pero
Berlusconi no acepta la decisión del Supremo para poner fin a los inmóviles días de Eluana y ha redactado un decreto para prohibir la retirada de alimento. Quizá incluso le haya deseado a la chica buen apetito. El presidente de la República, Giorgo Napolitano se ha negado firmarlo. Ni hablar del peluquín, le ha dicho al rejuvenecido capilar, pero Il Cavaliere, loco de poder, arremete contra todos los poderes del Estado. Cuando no se baraja conforme a sus criterios rompe la Carta Magna.
Nadie ignora que legislar sobre la eutanasia, que sólo significa bien morir, es arduo. Se interponen creencias de ultratumba y conveniencias de aquí cerca. No es lo mismo pasaportar al abuelito porque tose mucho y ha perdido la chaveta, que facilitarle el pasaje de vuelta, a petición reiterada del interesado, a alguien que sufre dolores y humillaciones insoportables. El caso de Eluana clama al cielo, pero el cielo está callado. Tendrán que resolverlo los terrícolas.