CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
Se acabó la marimorena
NO SIN UN CIERTO gesto de cansancio y aburrimiento, dimos todos fin a la Marimorena, cuando casi todo eran fiestas, y pérdida de memorias negros. Se tenía la convicción de que el nacimiento de aquel niño nazareno sería para una humanidad con alada promesa segura de tiempos mejores, durante los cuales hasta los más negados a la verdad de la parábola, acabarán cayendo de rodillas ante la luz de un sol que prometía venturas.
Fuimos felices mientras duró la ilusión y así que se apagaron las luminarias de la ceremonia, nos vimos forzados a contemplar la realidad. No solamente de la desaceleración económica a la que está sometida nuestra sociedad, sino a la recesión a la que estamos llamados, durante la cual acabaremos de rendirnos. ¡Ay de nosotros y de nuestros hijos! repiten los augurios a los que estamos sometidos. Y mientras los gobernantes dedican sus mejores instintos a evitar el contacto con la verdad, la ficción se torna dramática.
Nuevamente se nos asegura que así que pasen unos meses llegarán los dioses olímpicos donándonos de felicidades varias. Todo o casi todo de lo que se nos promete es pura manipulación para que sigamos sosteniendo el tinglado de la antigua farsa y continúen representando la comedia los que han conseguido establecerse en la vía pública para seguir esperando la llegada de los tiempos del sol y de los ángeles cantores.
Contemplo desde mi ventana el paso lento pero seguro de los acontecimientos y acabo llorando contemplando cómo se pasa la vida, cómo se sigue el engaño sin que se sugiera siquiera a modo de fábula para acabar con esta violencia de género que nos asalta, que nos domina, y a la que acabaremos por rendir el máximo tributo de vida y hacienda.
Vendrán tiempos no por anunciados menos aciagos, durante los cuales seguirán las crisis múltiples, justamente al lado de la proyección de operaciones de piratería que nos impide disponer de los medios indispensables para vivir con dignidad. Estamos viviendo con trampas, con fabulaciones, con manipulación diestra y así como nos están obligando a vivir, será nuestra muerte. Y entraremos en un año nuevo, del cual no cabe esperar ninguna variación ni mejora, porque los tiempos no cambian si los hombres no cambian.
Y así como durante el año, infelizmente soportado, morirá entre fríos y lamentaciones, el próximo año de 2009 según los vaticinios de los avezados a esta clase de adivinanzas no será mejor, sino todo lo contrario: ganaremos en dominio de la suerte infausta de los malabaristas de la política hasta el final de nuestra resistencia. Y cuando ésta se quiebre y se escuche el tañido de la campaña parroquial, pongamos paños negros porque comenzará una nueva era de sufrimientos y de invenciones para seguir dominando.
Y no menos de tres millones de obreros parados se mirarán los unos a los otros, con lástima y temor de que las cosas, bajo el mismo signo, serán más azarosas y muchos más navegantes asaltarán nuestras costas intentando evitar que los hambrientos del mundo acaben con nuestras esperanzas.
El año nuevo ha venido y ¡ay de nosotros! -todos tememos su llegada.
Aunque los fariseos sigan intentando convencernos de que España va bien y de que todo es dar tiempo al tiempo.