CRÓNICAS BERCIANAS | MANUEL FÉLIX
El hormiguero
DICEN LOS chinos que el sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo el necio se queda sentado en él. Touriño, el presidente de la Xunta, el socialista de coche oficial y despacho de superlujo, anunciaba hace unos días que la autovía de Ponferrada a Orense será una realidad «en cinco años». En más de una ocasión me he sentado sobre un hormiguero, pero son ya demasiados y no te queda otra que espabilar. Da la sensación de que hay políticos que tratan a la gente por imbéciles y que les pueden hacer comer hormigas rojas sin hornear.
Si lo de la autovía no se lo cree ni Touriño, lo del AVE-María al Bierzo, otro tanto de lo mismo. Y así, podría seguir con lo de la operación de la italiana Enel fagocitando a la oriunda berciana Endesa. Decía el filósofo Bacon que el dinero es como el estiércol; no es bueno a no ser que se esparza. Y no veo yo aquí a los italianos esparcir el dinero, a no ser que sean los fondos globalizados europeos. Los sindicatos están tranquilos (yo diría que anestesiados), y hasta el alcalde de Ponferrada cree que todo seguirá casi igual. Pero el arriba firmante, aunque ayer lucía el sol, vio llover. Ya son demasiados hormigueros en el trasero. Eso sí, no soy un pesimista que se queja del viento; espero que cambie el rumbo para ajustar las velas y así seguir singladura.
En estos momentos hay mucho pesimista enrocado. Ayer me contaba un bombero que un gato es capaz de morirse de hambre en lo alto de un poste tras un susto, pero cuando llegan ellos con la parafernalia del camión, el casco y la escalera mecánica para bajarlo de allí, se lanzan al vacío por pies y llegan a derrochar una de sus siete vidas. Pues aquí, lo mismo. Hay muchos subidos al poste que no se quieren bajar, pero lo que nos diferencia de los gatos son su número de vidas. Y ahí, salimos perdiendo.
La gente está harta de promesas, de guerras políticas estériles. Existe una desconfianza de esa política partidista y nada social, y se barrunta un cambio generalizado de mentalidad. Bucay, el psicoterapeuta argentino, dijo que la felicidad es la certeza de no sentirse perdido. Y ahora hay mucho perdido. Y no precisamente en la doble acepción. ¿Se han fijado cuando caminan por la calle? La gente no mira a los ojos, no saluda, lleva por lo general cara larga. Sólo sonríen los niños, y si lo haces, te encuadran entre los locos. ¡Así nos va!
La política ahora es la banalización del todo. En Ponferrada, en el Bierzo, se echan en falta nuevas ideas. Riesco trata de vender proyectos y más proyectos, y la oposición sigue subida al poste de la judicialización. Todos son sospechas, todo está mal. No hay ideas, murió la razón. Y así nos pasan los días y las noches.
Hay quien abre la ventana para que entre aire fresco, y acto seguido aparece el cenizo que te dice que la vivienda es de la caja de ahorros o del banco. Pero, aunque le arranquen los pétalos, no le quitarán su belleza a la flor. Cierto que hay mucha preocupación por el trabajo, por llegar a fin de mes, por el futuro. Pero el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable y para los valientes es la oportunidad. Lo dicho, sabemos lo que es estar sentado en un hormiguero.