Diario de León

TRIBUNA | luis herrero rubinat

El Parque de la Era de Trobajo

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DOS ACONTECIMIENTOS recientes han sacudido la tranquila convivencia de los vecinos de Trobajo del Camino. Por un lado la súbita hemorragia, en forma de polvo, cascotes y escombro, que padeció la torre del Edificio Araú. Un desplome en toda regla que podía y debía haberse evitado. Un derrumbamiento del que todas las administraciones son responsables, pero todas, sin excepción, miran hacia otro lado. Araú es una buena muestra de la improvisación, ineficacia y falta de coordinación de las entidades que tienen competencia en velar para que el patrimonio de los pueblos se conserve.

El segundo aldabonazo surge de la remodelación que pretende el Equipo de Gobierno municipal del Parque de la Era. El ayuntamiento va a recibir 5,1 millones de euros del Estado, a través del Fondo de Inversión Local. De esa cantidad, que subvenciona el 100% de las obras que se ejecuten a su cargo, el Equipo de Gobierno municipal ha destinado la nada desdeñable cifra de 2,7 millones de euros, lo que supone el 53% del conjunto del Fondo, a la remodelación del Parque. Esta decisión, que ha sido adoptada unilateralmente por los socialistas, ha encontrado un foco más o menos amplio de oposición entre los vecinos. Paradójicamente lo que debería constituir un motivo de satisfacción generalizada, porque se van a realizar inversiones en cuantías a las que el municipio no está acostumbrado, se está convirtiendo en un foco de enfrentamiento entre nuestros conciudadanos. ¿Qué es lo que ha fallado?

En mi opinión, para empezar, han fallado las formas. Un Fondo, como caído del cielo, que supone para el municipio una lluvia de millones inesperada (unos ochocientos cincuenta millones, de las antiguas pesetas) debería haber sido objeto de consenso. Cabría esperar del Equipo de Gobierno apertura para decidir, entre todos, el mejor destino de ese dinero. Cabría esperar diálogo con la oposición. Sería lógico abrirse a los vecinos. Escuchar a todos, antes de aprobar el reparto de las obras. La realidad fue, como ya he denunciado en otras ocasiones, que quienes ostentan mayoría absoluta eligieron «de acuerdo consigo mismo» el destino final de los 5,1 millones de euros. Es una bonita muestra de egocentrismo, de autosuficiencia, de engreimiento. Ni siquiera la aprobación formal se llevó al Pleno municipal como hicieron otros ayuntamientos, entre ellos el de León, sino que se aprobó directamente por la Junta de Gobierno Local. Todos hemos perdido con esta actitud, quizá provocada por la dulce tentación de ensimismarse en los delirios del poder.

También se ha fallado en el fondo de la cuestión. Es difícil adoptar la decisión de elegir en qué se invierte un dinero que llega casi de sorpresa. Cabría esperar un reparto basado en priorizar necesidades, distribuir las cantidades entre los distintos pueblos, barrios y calles, responder a demandas sociales o en atender a las infraestructuras que presentan mayor deficiencia en el municipio. ¿Qué ha decidido el ayuntamiento? Destinar casi la mitad de la inversión disponible en una obra concreta, remodelar un espacio verde que ya existe.

Invertir 2,7 millones de euros en un parque, es una decisión política que sería susceptible de valorar si las arcas municipales gozarán de buena salud. Si el municipio tuviera razonablemente cubiertas sus necesidades dotacionales. Si se fuera a crear una nueva área que ampliara las zonas verdes disponibles o si se tratara de una aspiración generalizada de los vecinos.

Pero en el caso concreto que nos ocupa partimos de un supuesto que nada tiene que ver con esta tesitura. Estamos ante un ayuntamiento en quiebra económica, que no paga ni a los proveedores y que ni siquiera tiene liquidez para afrontar sus deudas con la Seguridad Social. Que presenta sangrantes carencias en todos sus núcleos de población. El Parque de la Era presenta unas condiciones dignas y está siendo disfrutado por los vecinos del pueblo de Trobajo desde hace décadas. La remodelación propuesta despierta suspicacias en amplios sectores de la población. Por ello, en este caso, la decisión de gastar 2,7 millones de euros en el parque, presenta connotaciones que van mucho más allá del ámbito de lo opinable. Se ha dejado escapar una ocasión, tal vez irrepetible, para dotar de infraestructuras culturales, deportivas, sociales, de abastecimientos y saneamiento, etc., que o no pueden disfrutar en la actualidad los vecinos de San Andrés, o las padecen en condiciones muy precarias. Todos los que vivimos en el municipio hemos perdido, todos, quizá víctimas del irrefrenable gustillo del gobernante adicto a la fotogenia.

Algunos detractores a las obras también han cometido errores, tanto de forma como de fondo. Las razones dejan de serlo cuando se pierde la compostura, el respeto o la educación. El discurso bronco no es el camino para hacer valer los argumentos. Generando crispación no se ganan adhesiones. Opino que cuando se hacen valer las ideas, las que sean, se debe partir de una actitud intelectualmente honesta; no se pueden esgrimir datos falsos ni tendenciosos, a sabiendas.

Demasiados errores para algo que objetivamente es bueno: que llegue dinero y que se invierta en el municipio. Ojalá todos tomemos nota y, en el futuro, evitemos caer en los mismos vicios de la petulancia, la cerrazón, los delirios de grandeza, las falsedades o la crispación gratuita. Mientras tanto siempre nos quedará para su disfrute, y también para lamentar las obras que pudieron ser y no fueron, un magnífico parque: El Parque de la Era, que bien pudiera denominarse a partir de este momento, por el precio económico, político y social que se ha pagado, el Parque del Oro.

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