AL TRASLUZ | EDUARDO AGUIRRE
Escoger linaje
DOÑA Leticia proviene del rey Fernando II de León, según asegura José Cordero, genealogista y teniente coronel en la reserva. «Yendo lo suficientemente hacia atrás, la mayoría de nosotros encontraríamos líneas de sangre noble», ha advertido, un tanto desbordado por el impacto mediático de sus aseveraciones. Sea como sea, la condición humana es sota, caballo y rey. Con sangre azul o sin ella, todos provenimos de la nobleza de un canto perdido de la Ilíada, de un rezo atendido en medio de una tormenta, de unos parientes que sobrevivieron a la gripe en edades oscuras, en definitiva, somos parte de un proceso que debía cumplirse para que un día alguien haga algo, y además de acuerdo a las leyes del libre albedrío. Eneas sobrevivió a la guerra de Troya no sólo para fundar Roma, sino para que muchos siglos después un pintor del Renacimiento pudiese plasmar un fresco en una capilla, además de que para que naciera Sophia Loren, que muchos y variados son los pigmentos de belleza. Posiblemente, fue necesario que mis antepasados remotos sobrevivieran a un ataque sarraceno para que mi mujer y yo celebrásemos el pasado domingo nuestro aniversario. Todos somos meros segundos humanos en un gran reloj de arena. Todos llevamos dentro un reino, del que hemos de partir un día en busca del Santo Grial. Pese a ello, más ha de importarnos la nobleza de nuestras causas diarias que el eco de nuestros apellidos. ¿Hay mejor escudo de armas que la humildad? A mí me gustaría proceder del juglar del rey Aragorn. Y todo se andará, porque el verdadero linaje se escoge, como a los amigos. Más allá de la genealogía, tu origen lo determina el escudo de armas que hayas elegido para vivir, tu credo de conducta, lo que anhelas, con lo que dialogas. Sí, escoges el color de tu sangre.