CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
Isabel y Francisco (II)
CASI nadie lo esperaba, pero sucedió como manda la Ley: Al tercer día murió Papús sin decir ni chus ni mus. Y el pueblo complacido que había esperado pacientemente el final dichoso de la historia, se encontró ante la gran sorpresa: El glorioso enlace entre don Francisco y su viceversa doña Isabel, ambos al frente de sendos mandos políticos, sociales, culturales y religiosos rompieron los lazos por los que se habían comprometido para hacer frente a la crisis.
Y cada uno por su lado acudió a la prensa intentando justificar sus zozobras a la hora de cumplir con su deber, que era o venía a ser compromiso de honor.
El pacto o lo que fuera fue roto a pura mentira y a nosotros no nos quedó más que la consabida retahíla de preguntas.
Señores don Francisco y doña Isabel: Tenemos un montón de preguntas para ustedes.
¿Quién, de los dos, rompió el enlace del que tanto esperábamos?
¿Por qué fue quebrantado el compromiso cuaso matrimonial?
¿A qué venía lo del viaje a Nueva York en tiempo de crisis?
¿A qué economicistas se debe que aparezcan ahora deudas a pares?
¿Quién garantiza de verdad que los unos y los otros cumplieron con su deber?
¿A qué realmente se juega en la Casa de la Poridad?
¿Cuáles son realmente las competencias del uno y de la otra?
¿Puede el alcalde de la Ciudad intervenir en montajes feriales?
¿Posee la señora presidenta de la Excelentísima autoridad para disponer de mando en el montaje de feriales y competiciones?
¿A qué singular angustia viajera se debe el hecho de que la reiteración de viajes a Nueva York o a Chicago se planifiquen como un modo evidente y práctico de solucionar el estado de desaceleración?
¿Es cierto que lo del bodrio de «Leer-León» fue una gloriosa invención o se trata de un infundio?
¿Justifica esta atribución el que aparezcan ahora ciudadanos de a pie que en vista de ello sugieren que pague las deudas el inventor del ferial del libro?
¿Si fuera cierto la declaración de doña Isabel de que nunca se fio del señor alcalde de la Casa de la Poridad, por qué se dispuso a colaborar con él para la liberación de las deudas de ambos organismos, cuando lo natural hubiera sido jugar a lo que cada uno sabe por su lado?
¿Se trata de una traición, como un castillo medieval, la acción de don Francisco, para con la Diputación y su presidente o se trata de una acusación sin motivo?
Y finalmente, para no abusar de su generosa atención, tal como deja entrever la señora presidenta, en alguna de sus ásperas declaraciones, este matrimonio, partido por gala en dos, tiene alguna posibilidad de rehacerse o se ha roto para los restos?
¿No encontremos los leoneses ante la corta vida y muerte del Festival del Libro infantil y adulto?...
¡Coño, qué vida esta!