NUBES Y CLAROS | MARÍA J. MUÑIZ
A la caz(j)a
DESPUÉS DE TANTO sí pero no, no pero sí, las cajas de ahorro se ponen las pilas sin disimulo. El que puede intenta salvar los muebles de la apariencia, pero la evidencia es que el Banco de España aprieta, aunque de momento no ahogue. ¿Hasta cuándo? Lo de la CCM es más un aviso a navegantes de puertas afuera que entre las entidades: saben que no caben bromas, y que la reestructuración apremia. Y tienen claro que o buscan sus compañeros de cama o se los imponen.
El resultado es que las cajas se han apresurado a flirtear con sus mejores aliados, o en todo caso los menos malos. Que se lo digan a Caja España y Caja Duero, competidoras y hasta ahora con un único punto en común: el que las llevó a sublevarse contra las imposiciones de Valladolid (no sólo políticas). Aunque el resultado del proceso sea parecido, las formas cuentan.
Quizá tengan otra convicción compartida: más vale fortaleza en mano (la de las dos grandes cajas unidas para poner condiciones al resto) que seis volando (la del café para todos que el control autonómico intentó componer).
El caso es que los sucesos financieros se precipitan, y con ellos las prisas de los distintos gobiernos autonómicos por apurar las fusiones intra antes de que sea imposible evitar las interregionales. MAFO aprieta y la reforma de la ley de cajas ahogará. En un año, dicen los expertos, el número de cajas será la mitad del actual. Y de ahí en adelante.
Al margen, en el limbo de la teoría jurídica, la música celestial de reducir la participación política en las cajas de ahorro del 50 al 25%. ¿Es que alguien cree aún que bajo la piel de cordero de algún consejero, represente al grupo que represente, no se esconde un apoyo político? ¿Un 50%? Vamos, anda...