HISTORIAS DEL REINO | MARGARITA TORRES
Franco era mileurista
EN ESTOS TIEMPOS de crisis económica en los que los pobres autónomos se tienen que apretar el cinturón mientras los que trincaron pasta no desean moderar sus ambiciones, corren noticias de todo pelaje para demostrar que los cargos anteriores a la Democracia siempre fueron ejemplo de espartano comportamiento y escaso pecunio. Alardean algunos del regalo «generoso» del pueblo español al Caudillo, en agradecimiento por su buena gestión, especialmente la política, que nos permitió regodearnos en nosotros mismos y nuestra grandeza porque el resto del mundo era rojo, masón y cabroncete y nosotros unos pobres incomprendidos a la caza de un destino en lo universal. Tal vez se refieran esos próceres de antes del 1975 a la Universal Pictures, vistas las ambiciones literarias y cinematográficas del Generalísimo, que regalaron a la patria genialidades brillantes como «raza», un canto a sí mismo de tal excelencia que sólo el retrato del Caudillo Invicto disfrazado de Cid Campeador podría superar la emoción que se siente al ver la película.
Desde 1936 al 1975, por la política española desfilaron algunos hombres de bien, más de un caradura, y escasas mujeres, por aquello del viejo principio fascista de las tres K alemanas: Küche, Kirchen und Kindern, esto es: con la pata quebrada, en casa con los niños y sólo sales el domingo para escuchar la Misa, Mari. Algunos de estos relevantes próceres cruzaron el umbral de la muerte de Franco con un lustroso cambio de chaqueta; los más honestos, se retiraron del panorama del poder. Ayer, 3 de abril del 2009, se cumplieron tres décadas de las primeras elecciones municipales de la Democracia, y sorprende comprobar que muchos de los que aposentaron el dos de oros en la poltrona, allá por los sesenta, mantuvieron el bastón hasta fechas relativamente recientes a nosotros. Bajo otras siglas, cierto, pero helos en las firmas de los documentos oficiales.
Treinta años de alcaldías variopintas a lo largo y ancho de la Piel de Toro. Con ejemplos de sobriedad, de buen hacer junto con algún especulador de bolsillo sin fondo que se ha hecho rico a costa del medio ambiente cercenado, de las costas recortadas y etcétera. Muchos dejaron un poso de buen sabor, otros una memoria digna, algunos hasta tienen nombre de calle ¿o era al revés? Pero ninguno, que yo sepa, presumió de mileurista. Hasta que ahora, con la excusa del vamos a rescatar los viejos tiempos, aparece una noticia digna de comentario, vista la escasez de haberes del personal y lo duro que es llegar a fin de mes: señores y señoras, leoneses todos, Franco era mileurista. Eso afirma su última nómina, porque ganaba salario de Generalísimo por nómina de las que cotizan a Hacienda, si es que Hacienda se atrevió alguna vez a solicitarle cotización. En efecto, en un ejemplo de sobriedad paradigmático para la juventud actual, el anterior Jefe del Estado ganaba 168.477 de las antiguas pesetas. Eso sí, en 1975 un obrero ganaba mil pelillas. Pobre Franco, cómo se quejan estos demócratas. Si hasta el Caudillo sobrevivía con mil euros. Pero claro, eran otros tiempos-¦ afortunadamente.