BURRO AMENAZADO | PANCHO PURROY
Tony Clevenger
POCAS VECES quedé tan sorprendido como en 1986, cuando una llamada telefónica desde Tennessee y la voz de un tal Anthony, proponía estudiar al oso cantábrico, nada menos que capturándolo vivo y liberándolo provisto de un radioemisor para desvelar vida y misterios del raro plantígrado.
Le dije que, del oso, conocía sus rastros por la Montaña de Riaño, donde estudiábamos a corzos, jabalíes y perdices, pero que podíamos solicitar la financiación del proyecto. Hubo suerte y el Comité Científico Hispano-Norteamericano aprobó el trabajo, a desarrollar por las universidades de León y Knoxville. Llegó el rubicund o y atlético Tony, al que alojamos en un piso de estudiantes de Fernández Ladreda, en el que su primer aprendizaje del castellano fue conocer el significado de cubanita y cascarrias, respectivamente masaje tetudo del falo y albondiguillas agarradas al vello culero.
Las dilatadas jornadas de trampeo en Riaño, bajo la mirada socarrona de guardas y pastores que se reían del intento, por considerar al oso como un animal esquivo y listísimo, se saldaron con la captura del viejo macho Salsero, que recibió su apodo por haber sido laceado en el collado de la Salsa, en el bosque de Hormas.
Gracias al seguimiento se desvelaron aspectos de ecología inéditos, entre otros la tremenda movilidad de los ejemplares cantábricos. Salsero recorrió un enorme dominio vital de dos mil cuatrocientos kilómetros cuadrados por León, Asturias y Cantabria, desde las manchas de roble del Valderaduey, cercanas a Sahagún, hasta Fuentes Carrionas, La Liébana y los montes astures de Ponga.
Tony Clevenger trabaja hoy en el parque nacional de Banff, en Canadá, y es un experto reconocido en pasos de fauna sobre autovías. Casado con la leonesa Carmen Campos, ha pasado la Semana Santa con nosotros y, además de matar judíos, ha visitado a amigos como Antonino, ganadero de Casasuertes, Tino, hostelero de Lario, y Agripina, gran señora de Polvoredo. El mejor zoólogo leonés es Tony, con diferencia.