CON VIENTO FRESCO | JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
Dos bercianos ilustres
BENITO GARNELO y Manuel Álvarez Rego de Seves murieron asesinados en los últimos días del mes de noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama, en el primer año de la Guerra Civil. Era dos religiosos agustinos de los más de sesenta de esta orden que, en aquellos aciagos días, murieron en tal infausto lugar, con otros varios miles de personas más. Ambos habían pasado algunos años en el Real Monasterio del Escorial, en el que también había estudiado el presidente de la República, Manuel Azaña, y que de manera displicente, con grandes dosis de ironía y resentimiento, describió en El jardín de los frailes . Los dos vivieron las mismas vicisitudes de la detención injusta, los calabozos de la Dirección General de Seguridad, los interrogatorios, la parodia de los tribunales chequistas, la cárcel de San Antón y el fusilamiento.
Ambos eran bercianos. Benito Garnelo había nacido en Carracedo el 12 de enero de 1876 y Manuel Álvarez, en Sésamo, el 15 de septiembre de 1908; los dos a orillas del río Cúa y a la sombra de las ruinas de dos venerables monasterios: el cisterciense de Santa María y el benedictino de San Andrés. Los dos habían conocido las destartaladas escuelas rurales de Villamartín, pueblo en el que ejerció como maestro el padre de Benito, y Sésamo; ambos tuvieron relación académica con Astorga: Benito Garnelo en el seminario diocesano, Manuel Álvarez en la preceptoría de San Andrés de Espinareda. Por razones diversas y en distintos momentos de su vida, los dos concluyeron sus carreras como religiosos de la orden de los agustinos: Benito ya había realizado sus estudios teológicos en Astorga cuando tomó los hábitos en el Escorial, ostentó cargos en la orden, vivió diferentes destinos hasta recalar en el Escorial, donde le cogió la República. Manuel ingresó joven en el monasterio de Uclés donde hizo sus votos, pasó luego por Leganés, el Escorial y otros conventos.
Manuel Álvarez era aún una persona joven cuando murió, por lo que no dejó ninguna obra comparable a la que llevó a cabo el padre Benito Garnelo, colaborador asiduo durante muchos años de La ciudad de Dios , revista de la que fue también director en su etapa fianl, así como de la revista Religión y cultura . Fue también autor de algún libro. Benito Garnelo, que adquirió una buena formación humanística -”también viajó por Francia y Alemania-” gozó de fama de hombre culto y trabajador. Los que hemos leído algunos de sus trabajos hemos de reconocer que escribía bien, con claridad y elegancia. En varias ocasiones se interesó por las cosas de su tierra, y redactó varios artículos sobre el Bierzo, al que visitó con alguna frecuencia en vacaciones; se nota en ellos su amor por la tierra de sus mayores. Estaba interesado por los proyectos de desarrollo, que entonces suscitaban en algunas revistas de la comarca vivas polémicas.
Ambos religiosos, por último, fueron beatificados el 28 de octubre del 2007 junto con otros casi quinientos mártires de la Guerra Civil, también algún otro berciano de la orden del Cister. Con este motivo, el agustino Modesto González Velasco ha escrito un excelente libro Dos mártires bercianos agustinos , que recoge, en 270 páginas, los hitos más importante de sus respectivas biografías. Mañana, en la Casa de la Cultura de Ponferrada, lo presentan el autor y el Instituto de Estudios Bercianos. Estas biografías, hechas con rigor y objetividad, no entran en polémicas innecesarias; pero sin duda también ellas forman parte, no de la Memoria Histórica -”pues muy poca gente conoció de primera mano a estos dos religiosos-”, sino de la Historia de nuestra comarca.