EL RINCÓN | MANUEL ALCÁNTARA
Llamémosle H1
LA ORGANIZACIÓN Mundial de la Salud no sabe todavía cómo combatir el maldito virus, pero ha dado un gran paso encontrándole nombre. Era injusto llamarle gripe mejicana, como si ese ponzoñoso agente fuese capaz de elegir su nacionalidad. No menos arbitrario era llamarle gripe porcina, calumniando al sagrado y ávido animal que tanto ha hecho y sigue haciendo por nosotros. El sublime guarrito tiene dentro un prodigioso alquimista capaz de transmutar la materia que digiere con ímpetu en un producto maravilloso. Así que hemos hecho bien en bautizar al virus. Llamémosle hache y después un uno. Algunos países ya habían decretado el genocidio de los beneméritos cerdos. Claro que hay alarma. Menos mal que también hay optimistas y junto a los que prevén que la gripe puede llegar a afectar al 50% de los europeos, figuran los que están convencidos de que el otro 50% se librará. Sobre todo si se queda en su casa, que es la solución que propuso Pascal para esquivar todos los males, que ahora parece que son solamente tres: mundo, demonio y carne de cerdo. Hay que mantener viva la esperanza y así lo hará mucha gente mientras no coja la gripe Obama. La máxima preocupación de los españoles, según las estadísticas, y sobre todo según quienes contestan a las estadísticas, era el paro. Ahora es la gripe, que por cierto también puede atacar a los desempleados. Cuando aparece un mal de cuantía superior al que se padece, el antiguo se devalúa algo, pero la verdad es que nuestra zozobra ha variado de signo. Siempre es preferible engrosar la lista de los parados a ingresar en la enrome población de los quietos. Aunque ya no tengamos difíciles los pensamientos. Ni las digestiones.