EL RINCÓN | MANUEL ALCÁNTARA
Entre otras carencias
QUIZÁ al pesimismo debiéramos considerarlo como una pandemia. Su capacidad de propagación es enorme y sus consecuencias son anteriores al desdichado momento de haber contraído la enfermedad. Las denostadas encuestas preguntan a veces cosas que aclararían nuestra turbia vida colectiva: lástima que las respuestas no siempre sean inteligentes. Interrogados algunos españoles, tantos como para creer que la cantidad es
Todos tenemos muchas carencias, pero al parecer la más lamentable es la del dinero. Incluso para los que no tienen claro cuál puede ser su papel en el absurdo teatro del mundo, lo que más desasosiego les produce es no contar con el papel moneda. Ni el amor contrariado, ni el afán de absoluto, ni la patológica ansiedad de ser otro, ni el miedo a la soledad o a una enfermedad larga y dolorosa, han determinado tantos suicidios como la falta del llamado