AL TRASLUZ | EDUARDO AGUIRRE
El largo camino
EL PROFESOR Alkios Sanabria me había invitado a conversar con sus alumnos acerca de «Gran Torino», la última película de Clint Eastwood. Y hasta la Escuela de Arte me fui, dispuesto a ensalzar al viejo y cascarrabias Walt Kowalski, a su hazaña de redención y redaños, que sigue retumbando en tu corazón cuando la película ha concluido, como ciertas canciones aún suenan en tu interior después de la última nota. Fue una experiencia emocionante estar con ellos, quizá porque en cierta medida los adultos aún somos el joven que fuimos, cuando nuestro pasado aún era un microrrelato y el futuro un novelón por escribir. Así que saqué mis sentimientos sobre la película y los compartí, porque de ciertos temas no merece la pena conversar si no es desde tu verdad íntima. Buena gente este alumnado, hoy en esos difíciles primeros tramos del camino hacia la madurez, si es que existe un lugar concreto con tal nombre, pero hacia el que no les queda más remedio que dirigirse, para comprobarlo por ellos mismos, ya que en eso consiste este peregrinar que es vivir. Sí, todos tenemos varias edades a la vez, además de la que nos asegura nuestro DNI. Habían comprendido las claves de la historia de amistad y cicatrices plasmada por Eastwood, desde el vigor de sus 78 años, con la sabiduría del adiós que se acerca. Lo reconozco, fui honrado con una experiencia humana maravillosa. Gracias. Debemos apostar por la juventud, pero sin sublimarla; transmitirle esperanza, pero sin ocultar que el camino en el que ya están inmersos es largo y, a veces, abrupto y oscuro. Después, ya de regreso a la oficina, recordé cuando también yo, como hoy ellos, tenía más miedos de los que mi orgullo me permitía admitir, y me dije: papá, mamá-¦gracias por todo-¦ ¡cuánto tuvistéis que perdonarme!