Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER

Esto no tiene arreglo

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VICTORIANO CRÉMER
León

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LO DECLARO con absoluta sinceridad: Si me ofrecieran un cargo, puesto o capitanía para enderezar el curso de los acontecimientos que nos turban y nos perturban, quizá con harto dolor de corazón y de cartera, nos negaríamos rotundamente.

Presidente no, jefe tampoco, salvador de patrias menos.

Formamos parte de un núcleo humilde y errante que no tiene más aspiración que la de pasar tranquilamente la vida, ni envidiado ni envidioso, que diría fray Luis y cualquier forma de compromiso político, cultural, religioso o social me perturba.

Prefiero, pues, seguir el curso de los ríos en primavera y que la Providencia haga su trabajo en mi favor.

Supongo que en estas condiciones no cabe sino confiar en la providencia y en los casows de grave quebranto tirar de la cadena.

¡Ah! Y no perder el optimismo, siguiendo el ejemplo del presidente, porque quien confía y sigue nadando al final consigue llegar a la orilla.

Y en esas, más o menos, estamos. Mientras fenómenos naturales y políticos se apresuraran en situarnos en posiciones negativas y naturales y políticos se apresuran en sit uarnos en posiciones negativas y peligrosas, el ánimo de supervivencia nos empuja a seguir nadando, aunque sea bajo el agua, en viaje submarino hacia nunca se sabrá dónde.

Estamos mal, seguimos estando a merced de la tormenta y de nada nos vale dirigir nuestras plegarias hacia ese santo milagrero que se nos ha dado para director de la orquesta universal, porque la terquedad de los hechos confirman que de nada vale celebrar carnavales y hacer sonar los cencerros del miedo...

Lo que sea sonará diferente y el mundo seguirá un curso que hacia la hecatombe puede conducirnos.

Ante panorámica tan negra no cabe intentar forzar la situación, pero sí cambiar de postura y traducir el lenguaje. Ni se debe mantener el error de la escena, cambiando las bambalinas ni la comedia va a cambiar de doctrina porque nos empeñemos en derivar hacia el triunfo final.

Será de nosotros, de usted y de mí, de todos, lo que se determine ante el tono musical de la sinfonía electoral, y ésta resultará lo que un público, debidamente aleccionado, decide.

De modo que, en puridad, será de nosotros, de usted y de mí, de los pobres y humildes de corazón y de influencias lo que Dios quiera.

No tenemos arreglo porque no ponemos en el asunto el debido tesón y la necesaria conciencia. Estamos como sometidos a la droga de la pereza mental y no acertamos a entender cuál pudiera o debiera ser la nuestra para que todo el tinglado montado no se transforme.

Para ello lo indispensable es cambiar de opinión y de director. Ni las leyes son eternas ni los medios de imponerlas inevitables.

Si estamos mal, si nuestra sociedad se quiebra por do más pecado hay, algo habrá que hacer que no sea elaborar sofismas ni recrear páginas literarias.

O acabamos con lo que nos molesta y nos duele o estamos condenados al Limbo de los tontos. Los vascos y los gallegos se acercan a las urnas con reservas mentales y dudas pegadas a las telas del alma.

O cambiamos la conciencia social de los que ordenan y mandan, o acabamos como vasallos del señor de los anillos.

Yo también ¡ay! Sé que la política es necesaria, lo que pasa es que no sabemos para qué.

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