Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS | ROBERTO ARIAS

El Bierzo levitante

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EN LA DESPEDIDA de Pereira, paradojas de la vida, la Junta de Castilla y León acaba de rendir un medio homenaje inverso -”aburridísmo Millás-” a Raúl Guerra Garrido. Sostiene el escritor de ascendencia cacabelense en sus Cuadernos Secretos , a instancia empírica de su abuelo don José, que el Bierzo levita por temporadas. Desaparece. Como un espejismo en el corazón del desierto. Y relata Guerra su experiencia como copiloto de un Topolino , enfilando con la vista Molinaseca para terminar apareciendo de repente en una tierra extraña más cerca del Cebreiro y de Astorga que de las viñas de Pieros.

El peculiar fenómeno físico de la levitación berciana hace décadas, sin embargo, que encuentra parangón en el terreno institucional. De improviso, la Junta de Castilla y León lanza una ambiciosa campaña nacional bajo el lema «Tierra de Sabor» donde los vinos de calidad de la comarca desaparecen, quisiéramos pensar, por encanto. Pero que en realidad, cuando escuchas las excusas de la consejera sobre las bondades emblemáticas de Ribera del Duero, no puedes más que creer que la teoría de Guerra Garrido y de su abuelo se ha convertido ya en una especie de maliciosa ceguera administrativa.

De hecho, no le ocurre sólo a los populares de la Junta. Al Gobierno socialista el Bierzo se le ha esfumado en los planos de Fomento. Acusaron a Cascos de haber dejado dos o tres garabatos en torno al trazado del AVE. Pero van para siete años de Zapatero, y si Pepiño no nos encuentra de camino a Lugo, puede que cambie el Gobierno y los nuevos ocupantes no tengan ni el mal pretexto de los rayajos de Cascos, utilizados por el PSOE hasta el ridículo.

Afortunadamente la certificación institucional del fenómeno del Bierzo levitante sólo se produce a medias. La Junta, de hecho, acaba de firmar un convenio con el Consejo Comarcal que resulta bastante prometedor en el campo financiero y en el de los servicios. Aunque cabe la posibilidad de que se produzca una nueva desaparición y que los compromisos sobre el papel aparezcan bailando como notas sueltas esperando que alguien las interprete adecuadamente sobre el agujero negro que habrá dejado de nuevo la olla comarcana. Y otro tanto acaece con los propósitos, cuasirealidades, de la Ciudad de la Energía. Nada hace pensar que el carro de millones presupuestados para la planta de captura del CO 2 y el Museo Nacional de la Energía se vayan a evaporar. Aunque con la crisis que arrecia uno ya sospecha de todo. Máxime cuando la cándida ministra de Economía, Elena Salgado, es capaz de observar no sé qué «brotes verdes» en la economía. Es muy posible que esta mujer sea también rea del fenómeno del Bierzo levitante. Sino tal vez habría visto ya a los obreros de LM en pie de guerra o los millones de toneladas de carbón que se apilan en Compostilla II en un signo inequívoco de que no existe demanda de energía y más allá de que sin incentivos al consumo de mineral autóctono habrá pronto muchos empleos temblando en el sector minero.

Ojalá, en cualquier caso, que no tengamos que hermanarnos jamás con Brigadoom, esa villa irlandesa que según Guerra aparece cada 50 años sólo por 24 horas.

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