CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER
¡Pobre España!
DESBORDANDO tristeza por todas partes, repetía los versos febriles de Zorrilla, cuando en aquella interpretación histórica de la causa de una de nuestras desgracias más resonantes, repetía el actor:
Hoy es un día de hiel / de luto, baldón y seña / para la infeliz España. /Y, ay de quién es causa de él...
En esta triste ocasión que registramos con llanto, no disponemos de intérprete, seguramente porque ha sonado la campana de la miseria por todas las torres de la España hundida:
Hoy, en esa hora que nunca le falta a todo español de la desgracia de que están pintadas las casas del no vivir, un pregonero tapado, anunció: «¡Señoras y señores de lo que está quedando de España, en el día infeliz del mes de abril del año nefasto de dos mil nueve, hemos alcanzado la enormísima suculenta cifra de cuatro millones de parados, lo que nos obliga a temer que en un plazo próximo nos será fácil vernos envueltos en los lutos de los cinco millones de parados!...»
Con lo cual nos colocamos por nuestra incuria y la ignorancia suicida de los responsables oficiales, en el último tramo de la escala universal de los pueblos heridos de muerte.
Un pueblo que soporta con estoicismo y rabia esta situación es un pueblo muerto. España está muriendo cada día un poco hasta la consunción total de la figura egregia y amada de la España feliz...
Hemos alcanzado sin ningún esfuerzo la cifra clave de nuestro quebranto. Ni los más pesimistas de la tribu llegaron a pensar siquiera que llegáramos a tan bajos niveles de todo: De gente del trabajo, de personal de los dineros, de talentos económicos, de esforzados del embuste.
Todo antes que abandonar el barco que se hunde. La Dama, señora Salgado, calló al fin y rompió el discurso que preparaba para engañar al personal. Dijo que España no está tan desastradamente mal dirigida ni entendida y que de tener que soportar una tensión social de cuatro millones de obreros sin trabajo y sin pan, nada de nada.
Y se nos aconseja seriamente: «¡Hay que resistir! Con pan y sin pan resistir, que dijo Dolores.
Y seguimos resistiendo hasta que llegue un día, ya anunciado, en el cual se nos presente la torva figura fantasmal de la miseria general. ¡Ya tenemos cuatro millones de obreros sin ocupación! Ya se anuncia la llegada a los cinco millones.
¿Y después qué? Después nada. Después seguiremos siendo el país más mísero e infeliz y seguiremos teniendo que soportar formaciones múltiples de políticos impreparados, aferrados a las míseras ubres de la vaca nacional. Porque así nadie dimite. Ni el uno, ni la otra, ni la de más allá.
Aquí hasta los valores políticos de mayor solvencia, llegado el momento de la verdad abandona la vieja bandera y se inscribe como ministrable en la vieja agrupación que aspiraba a hacer la revolución.
Ya está logrado y se alcanzaron los objetivos. Y ya estamos todos colocados y ricos por la Casa. Y si para seguir dominando la situación se hace indispensable volver a cambiar de bandera, pues se cambia, que más se perdió en Filipinas.
Y si dentro de un nuevo reajuste en los puestos de mando se vuelve a producir la escena de la confusión, con un puesto para cada uno, contemplaremos el fenómeno con ironía.
Que más vale morir de risa que de hambre. ¡Señor, Señor, qué vida, qué mundo, qué personajes!...