Diario de León

LA ASPILLERA | VICENTE PUEYO

Falta audacia, sobra modorra

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VICENTE PUEYO
León

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ESTE Gobierno piensa en todo y lo pone fácil. Mañana, cuando se cierre el telón del debate del estado de la nación, manden a las niñas a la botica a que les pongan cuarto y mitad de píldoras del día después. Es la forma de asegurarse de que la nación no quede en estado que no es cosa de traer más criaturas al mundo con la que está cayendo. ¿O creen ustedes que el catálogo de medidas planteado ayer por el presidente del Gobierno garantiza que se va a alumbrar un porvenir luminoso y espléndido? No era cuestión de esperar milagros pues para eso ya están San Genaro el licuador o San José de Cupertino, especialista en revivir a las ovejas, pero se esperaba algo más de esta cita. Más audacia y menos resignación. Pero parece ser, a la vista del letargo intelectopolítico que nos rodea, que eso queda para un tiempo distinto, una generación distinta, de políticos, y de ciudadanos menos amodorrados.

Aseguró el presidente que se quieren poner las bases de un «nuevo» modelo que no gire única y exclusivamente en torno del brillante sol de la construcción, pero, tras criticar los excesos (la borrachera con resacón) del sector durante estos últimos años, curiosamente los que han salido más contentos del debate han sido precisamente los constructores. El mensaje es efervescente: desde el 2011 no desgravará la compra de una vivienda si se cobran más de 24.000 euros al año. Es un «ahora o nunca» que ha hecho temblar de emoción los cimientos de ese millón de viviendas que están a la espera de un comprador en nuestro país. Suponiendo que la medida consiga sus efectos revulsivos (hay quienes no lo ven tan claro y echan de menos incentivos reales para la compra de la vivienda vaticinando que mucha gente se quedará sentada a esperar), lo que no está claro es qué ocurrirá a partir de ese 2011. Pero eso ¿a quién le importa ahora? Son tiempos de coyuntura y de urgencias, el Gobierno aprieta las filas como un Salvation Army dispuesto a hacernos felices sea como sea.

Por eso nos quieren también poner coche nuevo con una serie de ayudas que han sido bien recibidas en el maltrecho sector del automóvil pero que tienen un inquietante regusto a «yo invito... y tú también pagas». Porque el Gobierno se compromete a aportar 500 euros para apoyar la compra de un coche pero pide a las comunidades autónomas idéntica cantidad y a los fabricantes 1.000 euros con objeto de llegar entre todos al sugestivo incentivo de 2.000 euros. ¿Se ha consultado esta medida con las comunidades autónomas?

También parecen razonables otras medidas como las reducciones fiscales que beneficiarán directamente a los pequeños empresarios. Lo que resulta descorazonador es que esta primera jornada de debate -que más parecía del «estado electoral» que del «estado de la nación»- siga dejando ese sabor a frontal desencuentro entre los dos partidos que conducen (?) los destinos de este país, cuando realmente estamos en una situación de emergencia que exigiría otro tipo de actitudes. Si un país con cuatro millones de parados no cierra filas y enfila objetivos basados en el consenso, es que la cosa no tiene arreglo. Y que la crisis se diluirá cuando Dios quiera pero no cuando lo digan ni Zapatero ni Rajoy.

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