TRIBUNA
Entre gladiadores
ANA MARÍA GUADA SANZCONCEJALA DEL PARTIDO POPULAR EN EL AYUNTAMIENTO DE LEÓNA ver si entre todos somos capaces de reverdecer la mente, de no ladrar a destiempo y convertir la dialéctica en las reacciones más sinceras y en las más inmedia
ASEDIADOS de dialécticas, así tenemos a los ciudadanos en esto de la política. Nadan entre ellas en un agua espesa y revuelta avanzando con pies de plomo. Hace días volvían a batirse entre dialécticas líderes políticos para contarnos como está España. Está, diría yo, en estado catatónico por lo que urge realizar ya la autopsia de un gobierno que nunca ha tenido la certidumbre de acertar.
Este país se mueve entre hallazgos repentinos con decisiones no meditadas, exentas de ningún razonamiento que nos llevan al riesgo pasito a paso. Demasiadas piezas para una nación arrojada a la irracionalidad y al poder oscuro. Abruma la desoladora perspectiva que asedia a jóvenes y no tan jóvenes que soportan la espada de Damocles del paro. Dice el Génesis que el trabajo es una maldición, pues nunca hubo una maldición tan anhelada incluso desde niño, siempre con el futuro a cuestas. Es hora de exaltar el presente y liberarle de más amenazas y sombras buscando caminos que lleguen a algún sitio, no caminos de evasión por los que huir de situaciones dolorosas.
Los números no dejan de crecer en plena sangría económica y la inspiración y la vena de los superiores se transforma en torpeza y cerrazón. Estos ingenieros de la rosa se han emperrado ahora en amnistiar el malogro de la vida. Por qué hablar de interrupción, la vida no se interrumpe, empieza o acaba. La vida no tiene anuncios que la interrumpan como en un programa de televisión. Dice la ministra novicia que es un derecho de la dignidad de la mujer y como mujer yo le digo que es una barbaridad. Las mujeres lo que gritan es auxilio y cordura frente a medidas que no hacen otra cosa que vaciar nuestros actos de responsabilidad y trivializar el sexo por eso de imponer la barra libre de la gragea.
Demasiado desbarre con tufillo electoral en medio de tanto estallido, de tanto engaño y de tanto caradura. Se ha perdido irremediablemente la talla de estadista necesaria para agarrar los verdaderos problemas por el cuello hasta ahogarlos. Pepiño dijo que los españoles viven mejor que nunca y se quedó tan fresco, pensará que los alimenta el fútbol donde el balón permanece en el tejado de la improvisación, el capricho y la veleidosidad. Cuantos más problemas, más resurgen los fantasmas patrios, vamos de la eurocopa a eurovisión, de los coches a las motos, vamos de doblete y pasillo. Como gladiadores en el circo romano, con bronca entre bancadas, aplausos y abucheos, un nuevo conciliábulo para hablar de España cuya atmósfera social se hace cada día más densa. No se puede encarar el futuro entre zarzales y maleza que tanto escuecen al ciudadano al que obligan a practicar la caída libre. Entre silbidos de balas, y es que en política es difícil regalarse buenas palabras, nos perdemos y no encontramos ya ni el pulso que nos haga salir de la pasividad, y para abúlicos los sindicados que se asocian digo yo que para algo. Su saldo también está en números rojos, no les importa el trazado del porvenir ni el atolladero en el que está la mayoría de la prole. Que arrimen el hombro y sino que vayan a tapar sus vergüenzas a otra parte donde gastar las jugosas dádivas de la gobernación.
Llevamos cinco años desquiciados ante tanto desaguisado del que ahora arropa una fatídica soledad, y es que se han ido los adeptos que como buenos aliados le sacaban de todos los apuros. El pelotón se ha disuelto entre otras razones por una suma de dos con resultados expectantes. Se han tensado las cuerdas en el triángulo nacionalista donde ya no mora la política de las malas maneras y del radicalismo. Frente a un contumaz y tozudo discurso donde el ansia de soberanía era ya una matraca, se fuerza el entendimiento por una buena causa como es la normalidad democrática. Aún así al sumo patrono ni le gusta ni le disgusta la puntual reconciliación con el adversario, sólo invoca que todo salga bien, que la señera nacional ya no sea un problema para ensayar en tan fértil tierra el texto de nuestra magna pastoral y exterminar a las bestias asesinas.
A ver si entre todos somos capaces de reverdecer la mente, de no ladrar a destiempo y convertir la dialéctica en las reacciones más sinceras y en las más inmediatas, que son las menos maquilladas. En el camerino de la política los héroes sólo duran lo que dura su falta de razón. No hay un mundo feliz, señores, y menos entre maulas y barbianes, no les dejemos que el dolor nos vacíe a patadas.