Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Con viento fresco josé a. balboa

L a cultura leonesa nuevamente está de luto. En pocos meses, la muerte se ha llevado a tres de nuestros más grandes escritores. Primero se fueron los villafranquinos Ramón Carnicer y Antonio Pereira, ahora se va Victoriano Crémer, nacido en Burgos pero leonés de adopción y devoción. A sus casi ciento tres años, Victoriano parecía inmortal, porque todos los días lo veíamos asomarse con la lucidez y frescura que le caracterizaba al ventanal de la provincia a través de las páginas del Diario de León; pero la Parca no perdona a nadie, aunque a veces se olvida por algún tiempo de visitar a algunos para deleite de sus conciudadanos. Ciertamente, la lectura de las columnas de Crémer constituía una de las necesidades vitales de muchos leoneses, porque en ellas encontraban la opinión siempre certera de un hombre profundamente preocupado por las cosas de la provincia. Pese a su edad seguía con interés los acontecimientos políticos y el transcurrir diario de la vida social leonesa, deleitándonos con su ingenio y su ironía.

En Crémer hay muchas cosas admirables, además de su longevidad y vitalidad asombrosas. Personalmente me llamó siempre la atención esa vocación de escritor total, de un autor que ha cultivado todos los géneros, desde la poesía al teatro, la novela, la narración autobiográfica y sobre todo el columnismo. Se formó como poeta, y en ese género cosechó sus mejores éxitos. Con solo 21 años publicaba su primer libro de poemas en colaboración con Pérez Herrero, Tendiendo el vuelo; pero no era lo primero que escribía y publicaba. Hace unos años le regalé las fotocopias de dos poemas suyos, publicados en la revista berciana El Templario en 1924 cuando sólo contaba con 17 años, de los que ya no tenía noticia ni recordaba aquella publicación que editaba en Ponferrada Nicomedes Martín-Mateos. Desde entonces, Cremér no ha dejado de escribir un solo día, dando a la imprenta numerosos poemarios, que lo convierten en uno de los poetas de referencia de la segunda mitad del siglo XX.

Además de poeta, la faceta de columnista, a veces minusvalorada frente a otras manifestaciones de su pluma, ha de ser destacada porque Crémer fue por voluntad propia un escritor de periódicos hasta su muerte. Como columnista fue incisivo, cáustico, sagaz, siempre preocupado por las cuestiones sociales cotidianas en el discurrir de la vida leonesa. Quizá lo más asombroso de Victoriano, al menos desde mi punto de vista, fue la independencia de criterio que mantuvo siempre, sin casarse con nadie y pese a quien pese. Fue, con su ironía y espíritu crítico, un hombre incómodo para el poder. Sus ideas políticas le llevaron durante la Guerra Civil a la cárcel de San Marcos, de cuyo paso dejó un estremecedor testimonio en el Libro de San Marcos. Después de la guerra, pese a la represión, nadie ni nada pudo doblegar ese espíritu libre, esa crítica constante de todo aquello que creía equivocado. Con la Democracia, dicho actitud fue aún más incisiva y omnipresente, lo que no gustó a muchos, sobre todo a los que parecían más cercanos ideológicamente.

No es extraño así la cicatería con la que le han tratado algunos políticos, que contrasta con el buen trato que otros han recibido desde la llegada de Zapatero al gobierno de la nación. Gozó de algunos premios, como el de las Letras de Castilla y León, pero Victoriano no ha tenido el reconocimiento que se merece quizá, repito, por no mostrarse nunca sumiso ante el poder, por criticar la política de aquellos que teóricamente estaban más cerca de sus ideas de izquierda. Sin embargo, sí ha gozado del cariño y la admiración del público, de sus lectores, que le han seguido hasta sus últimos momentos, porque siempre vieron en él un joven de ideas rompedoras. El Diario de León pierde al más importante de sus colaboradore s y un referente en la vida diaria de nuestra provincia. Todos los que escribimos en sus páginas hemos perdido un maestro. ¡Descansa en paz!

tracking