Dirán sencillamente...
La aspillera | vicente pueyo
Aquí yace un curioso caso de hombre». Un certero epitafio. Sí, el poeta es imprevisible como la aparición de los tifones en el Caribe . He repasado la poesía del hombre imprevisible, es decir del poeta, y he vuelto al espacio sin tiempo de la mañana del domingo. Allí en la sala 10, donde Pereira, en esa corta distancia, -por azar solos yo y el viejo amigo-, he vislumbrado la esencia del afán y de la angustia. Es duro ser poeta, sentir la llama imperativa de la palabra nunca dicha, y enfrentarse a la calle y a sus voces: «buenos días, qué frío hace, le veo a usted muy bien don Victoriano....». Y mientras, la palabra redentora se esconde secreta en los bolsillos necesitando demostrar su vocación de héroe. En esa lucha cotidiana, en esa aventura, larga y densa pero inconclusa, se fueron acabando el hombre y el poeta: Descansemos en paz./ Hemos cumplido/ como buenos soldados, compañero./ Ya habrá un Dios que nos mire con ternura,/ cansado de la pólvora,/ como nosotros,/ pobre y sin pecado,/ lejos del mar y el odio/. Al otro lado .
Me quiero quedar con el poeta y su perfume. Ahí tenemos en un sobre sus últimos artículos, milagros de olivetti construidos después de fichar cada mañana y de subirse en el andamio del palomar del sordo. Hay en ellos férrea disciplina, una terca voluntad de asirse al mundo pero yo sé muy bien que, si se exprimen, caerán las gotas de la poesía, la misteriosa voz de lo inefable, un mensaje fraterno y de consuelo: «...Espero que el hombre se redima de sus miedos y de sus soberbias y acabe por encontrar el justo lugar de su acomodo».
Me quedo con este Victoriano, el del silencio fecundo, donde nacen las palabras que luego son camino. Llegué a ti tarde pero pronto me apercibí de que bajo el mono azul de currante infatigable vivía un alma alada. Sí, ya sé, que pese a todo, «seguirán vomitando/ las estrellas partículas celestes/ y el hombre gemirá y cantará/ loco fecundo ajeno/ al plazo insobornable». Adiós amigo. Dirán sencillamente, y ojalá lo entiendan, que sólo, y nada menos, eras un poeta.