Buena cosecha
Al trasluz | eduardo aguirre
Se cumplen cuarenta años de una de las carátulas más famosas de la historia de la música pop: los Beatles cruzando el paso de cebra en Abbey Road. El disco incluía canciones como Something y He comes the sun , que forman parte de nuestro corazón colectivo, aunque personalmente siempre me gustaron más interpretadas por otros. Cuarenta años también del festival de Woodstock, y del concierto de uno de los mejores guitarristas de la historia: Jimmi Hendrix. Fue un buen año para la música, pues en enero Sinatra presentó My way . Bob Dylan y Jonny Cash grabaron el maravilloso Nashville skyline . Aquella década prodigiosa se apoyaba en los sólidos cimientos de la música anterior, al mismo tiempo que lo novedoso irrumpía de debajo de las piedras, como en un Renacimiento. Ese año ganó el oscar a la mejor película del año Cowboy de medianoche , en la que sonaba Everybody is talkin g, de Nilsson, que aún es empleada en los anuncios. Pero también en estos días han tenido lugar aniversarios siniestros, reversos de la dual herencia del pasado siglo. Cuarenta años de los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki. Cuarenta años de los monstruosos asesinatos llevados a cabo por Charles Manson. Cada día es aniversario de algún hecho, afamado o desconocido, sobre lo mejor o lo peor de la condición humana. En 1969, una desconocida Roberta Flack presentó su primer disco, que pasó desapercibido, pese a incluir una de las canciones más bellas de todas las décadas posibles: The first time ever saw your face ( La primera vez que vi tu cara ). Nada hay más extraordinario que conmemorar la primera vez que nuestro corazón se abrió a todo aquello que ha permanecido indestructible. Qué misterioso y contradictorio siglo el XX, ejemplo de las mejores cosechas y de las peores.