LA OPINIÓN DEL LECTOR (I)
Ayuda para necesitados
Miles de oenegés están por todo el mundo ayudando a menores, a refugiados, a enfermos, construyendo escuelas, ayudando en la agricultura, con agua limpia, buen gobierno, medioambiente, problemas de género... Aunque el fenómeno de las oenegés se podría remontar hasta el siglo XIX con el nacimiento de la Cruz Roja Internacional, su reconocimiento formal llega en el artículo 71 de la Carta de las Naciones Unidas (1945). Pero es en los años 60 cuando empieza su desarrollo para convertirse en un fenómeno de masas a finales de los ochenta y principios de los noventa. Si tomamos como punto de partida 1945, entonces tenemos 64 años de trabajo de las ONG. Durante este tiempo, los Gobiernos occidentales han invertido más de 1,2 trillones de dólares en ayuda a los países del Tercer Mundo. A esta cifra hay que sumar, al menos, dos billones de dólares con los que las oenegés han contribuido a los mismos países. También podemos sumar otro par de billones que habrán apartado las organizaciones religiosas (católicos, protestantes y musulmanes, principalmente) y que posiblemente no estén contabilizados. Es mucho dinero. Y a pesar de ello, la renta per cápita africana actual es inferior a la de 1970 y más de 50% de la población africana (más de 350 millones de personas) vive con menos de un dólar al día. ¿De qué ha servido toda esta ayuda? Hay miles de historias que cuentan que, gracias a la ayuda internacional, personas concretas han salido adelante, pero no se puede decir lo mismo de los países africanos. ¿Por qué, si la ayuda internacional no sirve para que estos países despeguen, se siguen mandando cincuenta millones de dólares a los países africanos cada año? Es un tema como para darle vueltas.