Diario de León
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En blanco | javier tomé

T El dios Mercado lleva meses con el ceño fruncido y, según la opinión de los pesimistas, acabaremos por convertirnos en granjeros y cazadores. El Pearl Harbour financiero que afecta al mundo es de tal magnitud que unos y otros hemos empezado a mirarnos de reojo, pues desgraciadamente vivimos en una sociedad que preconiza el «sálvese quien pueda» y el todos contra todos. No hay más que ver la masacre de despidos que se repite mes tras mes, hasta el punto que la hucha del cerdito se nos ha quedado a dos velas. En fin, los tambores de la recesión siguen retumbando a todo trapo, una vez enterrados los afanes cementeros que caracterizaron a los últimos tiempos. El trabajo, aseguraba Oscar Wilde, es el enemigo fundamental de la clase bebedora, aunque la cosa se ha puesto de un color tan hormiga que no estamos para chistecitos.

Ahí tienen la fascinante historia de los obreros de una acería china muy introducida en el sector, donde corría el rumor de una próxima fusión con otra empresa rival. Cuando surgió la especie de que se iban a suprimir la friolera de 25.000 puestos de trabajo, los amenazados decidieron plantar cara al destino y apostar por algo distinto e imaginativo. Así que torciendo un poco los designios de Dios, y por atenernos a los hechos probados y comprobados, la pobretería china en comandita decidió matar al jefe, antes de que empezara a funcionar la guillotina empresarial. La vida suele vacunarnos contra el optimismo, como bien pudo comprobar en sus propias carnes el finado explotador. Parece ser que el club de la miseria ha empuñado las armas, peligroso hábito que sin duda será motivo de preocupación para especuladores desaprensivos tipo Madoff, banqueros roñosos y otros individuos de idéntico pelaje. Al fin y al cabo, cuando uno no es verdugo, se es víctima en esta cultura del porrazo y tentetieso.

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