Diario de León
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En blanco | javier tomé

Vam os a hablar por una vez en primera persona, y me refiero a la prensa, pues una borrasca de consecuencias imprevisibles se cierne sobre ciertos medios escritos, desencadenada por un par de personajes que parecen tener un afecto excesivo por su propia persona. Se equivocan de medio a medio, pues los periodistas somos notarios de lo cotidiano o, si se quiere, intermediarios del acontecimiento, lo que no es poca cosa. Según Umberto Eco, por ejemplo, la lectura de la prensa es la oración matinal del hombre moderno. Pero, claro, chapotear constantemente en la realidad, como hacemos, es visto por algunos sátrapas como una suerte de fusilamiento en letra impresa. Ahí tenemos a Silvio Berlusconi, un hombre bastante zascandil pero que goza de enorme apetito político, inmerso en un ejercicio de matonismo mediático hacia varios medios de comunicación, tanto de Italia como de otros países europeos, que se han atrevido a desvelar sus peculiares andanzas privadas, pizarrín en mano. Una ofensiva judicial que viene a ser, traducida a términos populares, como es de «a ver por dónde caza la perrina».

A la otra orilla del Atlántico vive otro que tal baila, en este caso el comodoro Hugo Chávez. Un tipo más hortera que el ropero de los zares, pero que parece dispuesto a poner al pueblo venezolano en la buena vereda. Descontento al parecer con el gran tribunal de la opinión pública, se ha sacado de entre la bocamanga una «ley mordaza» que castigará con contundencia a la prensa crítica hacia su persona y gobierno. Parece estar dispuesto a imponer por las bravas el catecismo del régimen chavista, una especie de purga de Benito para los profesionales de la evidencia que disientan de las tesis oficiales proclamadas por dicha abeja reina uniformada. En fin-¦ Si Dios quiso que Chavéz y Berlusconi fueran así como son, Él tendrá sus buenas razones.

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