Diario de León
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Tribuna | JUAN C. YAGO

ESCRITOR

El título de Ciudad de la Literatura que otorga la Unesco está en juego. El Ayuntamiento de León opta al mismo y ha creado una página web aún en embrión como incentivo a esa apuesta. Dejando de lado el tópico de que el viejo Reino es tierra de natural pasto de escritores, creadores y poetas, así como la realidad evidente de que existen genios literarios reconocidos mundialmente por esos recios pagos, en este año se ha producido una rueda de inconvenientes y lamentables acontecimientos relativos al devenir en la cultura local que, cuando menos, enturbian la candidatura.

El escollo aún sin limar ni reparar fue la Intifada Poética, pacífica, literaria y ejemplar que dio lugar, en el seno municipal de León, a una persecución de poetas por los mismos gobernantes que hoy preconizan ante la Unesco amparar el ambiente cultural y literario de la ciudad. Como presidente del Club Cosmopolita de la Escritura, fundación organizadora de la primera Intifada Poética Internacional en internet, y, también, como coordinador de la Intifada Poética en León, muestro mi apoyo a ese afán. Pero, representando el sentir de distintos colectivos, no alcanzo a atisbar su nobleza inmanente.

Dudamos de que hoy por hoy los munícipes leoneses puedan encabezar con plena autoridad moral una iniciativa tan significativa como ésta. Un grupo de poetas y representantes de colectivos sociales fueron desalojados y censurados cuando realizaban la primera Intifada Poética en esa tan fiera, como la pintan, y fría ciudad de León ante el incumplimiento del programa electoral con el cual el alcalde socialista, Francisco Fernández,  fue elegido. Se comprometió ante las asociaciones y sindicatos de su localidad, a quienes aseguró que iba a respetar la gestión pública del agua. Al traicionar su propia promesa provocó la dimisión de su concejala de Medio Ambiente, Humildad Rodríguez. Desde ese momento, las «quejas poéticas», la poesía comprometida de diversos espadachines de las letras locales fue perseguida. Poetas represaliados y amordazados. La policía suele temer y va con buenos modos contra el delincuente avezado, peligroso y agresivo que nada tiene que perder, pero carga, ha cargado en León por decreto, contra el ciudadano ejemplar y creativo que discrepa.

La originalísima y peculiar Intifada Poética de sabor cazurro no sólo no logró  sensibilizar al alcalde sobre su falta de palabra y de compromiso con la democracia sino que éste reaccionó por las bravas y de forma claramente desproporcionada.  Respondió con una acción policial sin precedentes, expulsando del pleno a los poetas, vapuleados y maltratados. Federico Mayor Zaragoza, antiguo director de la Unesco, se solidarizó, a través de un documento de apoyo incondicional, con la pacífica y hermosa forma de protestar de los poetas de León. Posteriormente se ha implantado una política municipal de represión, un toque de queda contra el arte en la ciudad. Muchos poetas se han visto afectados, además, tras haber interpuesto el ayuntamiento una denuncia por vía administrativa, en la que se amenaza con multas desorbitadas que harán embargar las cuentas de personas creativas y altruistas que apenas tienen para sobrevivir, algunos con cargas familiares. Se prohíbe colocar carteles para anunciar actos, expresar el descontento en los plenos, lo que se ha venido haciendo hasta entonces durante los años de la democracia.  Hay que reconocer la valentía de seres humanos tan luchadores, buenos y correctos como nunca. Más claro no lo puedo decir. Lo demás, lo que están haciendo los gobernantes locales de León, es cobarde y ruin. Hemos querido usar la poesía como medio de sensibilización de los políticos. Y su respuesta es el rodillo y la venganza sin sentido. No exagero. Ahí están las hemerotecas.

Ojalá León alcance tan importante distinción, pero que sea una Ciudad Literaria gracias a sus gentes, a sus escritores; no como una maniobra de sus gobernantes para ocultar  sus acciones reprobables en relación al arte y la poesía.

Esta candidatura esconde, entierra y tapona muchas historias de las que no se habla, como carecer de locales los grupos culturales que han ido desapareciendo, incluso una escuela infantil de teatro que hizo una gran labor. O subvencionar cursillos de literatura a cambio de apoyos políticos, o facilitar la representación de obras de teatro de gente del ayuntamiento y no de otros autores a los que se proscribe y arrincona. La falta de aliento a los nuevos autores es total.

El loable deseo municipal de pretender pertenecer a la Red de Ciudades Literarias no sólo debe sustentarse en los grandes genios de las letras leonesas, sino en el devenir diario y en el respeto a esas personas de toda edad que configuran una «cantera poética», que intentan cada día ser geniales y hacer del arte de escribir un medio de conocimiento y de transformación de la realidad social que les circunda. Deberían pensar los ediles leoneses que la cultura también se hace en los plenos, se cuece entre las nobles gentes y va modelando la idiosincrasia peculiar de una ciudad. Por ello, no estaría de más, aun sabiendo lo difícil que es para el oriundo pronunciar perdón, retirar denuncias administrativas y pedir excusas. Acabar, en definitiva, con el menosprecio que se está produciendo, en este triste año de crisis económica y de valores humanos, en contra de los poetas. Estos poetas de León comprometidos con la realidad política de su ciudad. Injustamente atacados.

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