El alcalde está mosca, ¿qué mosquea al alcalde?
Tribuna | José Luis Gavilanes Laso
Escritor
El jueves 24 de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de la Merced, estaba escuchando con atención las declaraciones del Excelentísimo señor alcalde del Ayuntamiento de León, en el programa deportivo de sobremesa de Radio León, a propósito de la crítica situación económica (y ahora también deportiva) por la que atraviesa la Cultural y Deportiva Leonesa, S.A. Notábase en su voz como reprimiendo gran enfado, y no es para menos, dado el lugar en que tal estado de cuentas ha colocado al Ayuntamiento como mecenas del club. No obstante, desde hace mucho tiempo es de dominio público (y para el privado de la alcaldía lo debiera ser con más precisión), que las cuentas de la entidad deportiva representación máxima del fútbol local, estaban en números ultrarrojos. Sólo ahora, con la salida a nítida luz (merced al informe del auditor que está llevando a cabo el concurso de acreedores de la citada sociedad anónima deportiva) todos los interesados nos hemos enterado de las múltiples deudas contraídas e irregularidades cometidas por los gestores de la entidad. Ni soy licenciado en economía ni tampoco en derecho, por lo que me ahorro entrar en comentarios y disquisiciones sobre los distintos tecnicismos del informe. Mi postura es la del simple aficionado y contribuyente.
Como aficionado, seguidor entusiasta del club culturalista desde niño (y ya he puesto 65 velas en la tarta de mi último cumpleaños), he sido socio del mismo durante muchas temporadas. Hasta que, absolutamente desengañado por la gestión de la junta directiva, resolví este año no renovar el abono. Algo me olía a podrido y mi olfato no aguantaba más. Al igual que yo, me consta que han actuado muchos otros veteranos aficionados. Unos pocos, a pesar de estar en idéntico desacuerdo, se han mantenido por tradición familiar e inveterado amor al club. Lo que a mí, sin tradición ni fervorosa pasión, me ha empujado a disociarme, es que, de proseguir siendo abonado, estaría colaborando con decisiones deportivas y financieras con las que estoy en franca disconformidad.
Pero el dolor por la renuncia deportiva es menos que el hecho de saber que una parte de mis contribuciones al erario municipal, provincial y autonómico, por muy infinitesimal que ellas sean, ha sido puestas libérrimamente, sin control alguno, en manos de individuos nada escrupulosos en el cumplimiento de sus compromisos y de las leyes.
No me había dado cuenta hasta hoy (soy ingenuo por naturaleza) que, además de socio voluntario, era obligatoriamente socio «involuntario», pues ignoraba que una parte del peculio público estaba destinado a nutrir el club y ser administrado por quien (es) están obligados a dar cuentas sin mentir sobre el verdadero destino del dinero público. Es intención de la alcaldía pedir por ello explicaciones a los gestores; así lo han manifestado públicamente la edil de deportes y el propio alcalde. Pero de lo que se trata, en mi opinión, es de reclamar la cuantía de la subvención si no está debidamente justificada. Y por muy justificada que ella esté, lo que, para este ciudadano, no tiene justificación, es que se destine dinero público a clubes deportivos privados.
Estoy de acuerdo en que se les facilite todo tipo de apoyos en instalaciones, servicios, publicidad, personal, etcétera, pero pensar que una parte del dinero público va al bolsillo de un profesional, que ya gana lo suyo por la empresa que le paga, es establecer agravios comparativos hacia otros profesionales ajenos a la actividad deportiva y a subvención alguna. Se quiere justificar el hecho por ser entidades que representan a la ciudad dentro y fuera del país, porque todos los Ayuntamientos lo hacen y porque pregonan nuestra existencia por el mundo. Me parecen razones absolutamente baladíes. A la ciudad la ensalza y ennoblece la educación, el aseo, la acogida y el trato de sus gentes; la facilidad de sus comunicaciones; la pulcritud y el gusto de sus calles, de sus plazas, de sus edificios, de sus ríos; la promoción de sus monumentos; su vida cultural, social y artística; y su eficiente administración y servicios. La gente va a Salzburgo, ciudad con similar número de habitantes que León, por su encanto y por su festival de música; no por tener un equipo de fútbol en primera división que juega la champion ligue. Y si un club no se puede sostener por sí mismo, pues qué le vamos a hacer. A mí me gustaría tener rabo para espantar las moscas en el verano, pero qué le voy a hacer, nací humano.
De lo revelado en el informe del concurso de acreedores, lo que más me llama la atención es la variedad de empresas (bancos, cajas, restaurantes, hoteles, etcétera) que «gentilmente» han otorgado crédito y servicios a débito a la Cultural por importe de muchos miles de euros, sabiendo que el único patrimonio de este club que milita en la división ovina (o segunda beeeeeee) son dos modestos pisos en la Avenida República Argentina y unos centenares de socios cabreados. La explicación es muy simple. El Ayuntamiento tiene una participación en el capital de la sociedad anónima Cultural y Deportiva Leonesa y ello funciona como aval, esto es, como garantía de cobro (aunque efectivo más bien tarde que pronto), circunstancia que sin duda los gestores del club han sabido aprovechar oportunamente. De otro modo, ¿quién iba a prestar a la humilde Cultural y Deportiva Leonesa dinero o servicios? ¿Dónde radicaría la esperanza de cobro para los acreedores?
Quisiera añadir, para terminar, que el hecho de que a un equipo de gobierno municipal le encumbren al poder unos votos ganados democráticamente en las urnas, no quiere decir que sus miembros tengan patente de corso para destinar los dineros públicos según antojo, capricho u otras causas. Si se efectuase una consulta ciudadana sobre cómo gastar la parte presupuestaria en materia deportiva, probablemente seríamos muchos los que veríamos con muy buenos ojos la inversión en escuelas e instalaciones deportivas, tal y como se está haciendo, pero con mayor incremento si cabe.
Enveredar a los jóvenes hacia la cultura y el deporte es una plausible decisión e inversión rentabilísima para la salud de cualquier país. La responsabilidad municipal está en favorecer este rumbo al máximo de sus posibilidades, y lograr, como valor añadido, un elenco de deportistas autóctonos. Pero, si la misma consulta se hiciese para saber cuántos ciudadanos están de acuerdo en que se siga subvencionando a los clubes profesionales, con el 99% de jugadores foráneos, mucho me temo que no serían tantos y tan buenos los ojos que lo contemplasen. Ábrase un debate. Lo que está ocurriendo con la Cultural y Deportiva Leonesa es buen ejemplo de que, a través de la singladura actual, es muy difícil, por no decir imposible, llegar a buen puerto. Y somos todos los que vamos en el barco.