Diario de León

La deuda de León con Sánchez Albornoz

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Tribuna | Alberto Pérez Ruiz

Para la mayoría de los lectores de este artículo es innecesario explicar quién fue Don Claudio Sánchez Albornoz pero, dado que hay otros que aún no habían nacido cuando él murió, no está de más que empecemos diciendo que fue un o de los más relevantes historiadores contemporáneos, que nació en Ávila al comienzo de la última década del siglo XIX, que realizó importantísimas investigaciones en la historia medieval de nuestra región y más en concreto de los antiguos reinos de Asturias y León y que a raíz de la sublevación militar de 1936 tuvo que marchar a Argentina en cuya capital vivió más de treinta años ostentando entre otros títulos el de Presidente del Gobierno de la República en el exilio, para volver con más de noventa años de edad a su ciudad natal donde murió el día 8 de julio de 1984.

A raíz de su regreso a España tanto León como Ávila se volcaron para corresponder a la importancia científica que los estudios y las obras de Don Claudio habían tenido en el conocimiento y valoración de nuestro pasado. Pioneros de ese esfuerzo fueron el entonces presidente de la Diputación de León Manuel Cabezas y el de Ávila Jesús Terciado que concibieron la idea de crear una Fundación que perpetuase su memoria y a la vez prosiguiese, completase y divulgase la ingente obra investigadora que nos había dejado. Posteriormente se sumaron tres Comunidades Autónomas: Asturias, Castilla y León y Madrid que formaron el conjunto de las cinco instituciones que, juntamente con algunos de sus familiares, han sido hasta hoy la base de una Fundación cuya presidencia recae cada cuatro años en una de ellas, razón por la que entre 1987 y 1991 tuve el honor de ostentarla y al cabo de veinte años ha vuelto a nuestra Diputación cuya presidenta tuvo a bien delegarla en el diputado Marcos Martínez Barazón.

Como toda obra humana también ésta ha alternado sus momentos brillantes con otros más problemáticos, pero lo cierto es que, entre todas sus actividades, ha destacado la que más afectaba a nuestra provincia que era el Congreso de Estudios Medievales al que hay que situar claramente en el capítulo de los éxitos. Pero grandes han debido ser también las dificultades cuando hemos sabido recientemente que este congreso faltaba esta vez a la cita a la que nos había tenido acostumbrados cada dos años durante once convocatorias consecutivas. Preocupado por esta mala noticia he procurado obtener información sobre lo que estaba pasando y para ello he mantenido contactos con la presidenta de la Diputación, con su delegado en la Fundación, con el grupo de diputados provinciales del PSOE, con uno de los vocales que esta institución tiene en la Junta del Patronato (son tres además del presidente y todos del PP) y sobre todo con mi gran amigo Nicolás Sánchez Albornoz, hijo de Don Claudio y una de las personas que más han hecho por la Fundación y a la que más le está afectando la actual situación de la misma. Y ésta se puede resumir en pocas palabras. La Diputación de León ha decidido aprovechar la segunda oportunidad que ha tenido ahora de presidirla (la rotación se efectúa entre las cinco instituciones y no entre Ávila y León como dijo la presidenta erróneamente en el Pleno del pasado día 29) no para potenciarla sino para disolverla, y en ese camino quiere dar el primer paso en la reunión que va a celebrar su Junta Rectora en León el próximo día 7 de octubre ¿Razones para esta drástica decisión? se preguntará el lector y nos preguntamos nosotros. Que sepamos, fundamentalmente dos y a cual más difícil de entender: varias de las Comunidades Autónomas que participan han acumulado grandes deudas al no pagar su cuota anual que debe ser de cinco millones de las antiguas pesetas, y segunda que las dos trabajadoras de la Fundación se niegan a integrarse en la Diputación de Ávila como se les ha propuesto. No he conseguido hasta ahora saber nada sobre las causas que han tenido unos gobiernos regionales prestigiosos para pasar a engrosar la relación de «morosos» de una institución benemérita, ni qué medidas se han tomado para evitar esta falta de respeto a quienes no pretenden otra cosa que seguir la huella (y hablo de los aspectos que a nosotros más nos afectan) de quien fue nombrado en su día Hijo Adoptivo de nuestra ciudad y de nuestra provincia en sendos acuerdos unánimes aprobados por una Corporación presidida por Juan Morano y otra por el que esto escribe que además le dedicaron conjuntamente un busto que todavía existe en los jardines próximos al Conservatorio. Y ya mucho menos se puede esperar que se nos informe de lo que piensan hacer con un patrimonio documental que, como presidente que fui, contribuí a reunir y a clasificar y, durante el tiempo de mi mandato, también a conservar. De todo ello hubiera querido hablar con la presidenta que después de un pleno en el que dedicó menos de dos minutos a contestar a una pregunta del portavoz socialista que vio denegada su pretensión de debatir una moción porque la sesión que debía haber sido ordinaria se había convertido en extraordinaria. Pero fue imposible ese diálogo porque la presidenta me remitió a una diputada socialista a la que se lo acababa de explicar todo, aunque, por lo que pude comprobar, lo hizo sin el poder de convicción que hubiera sido propio del caso.

Pensaba yo ese día al abandonar el Palacio de los Guzmanes en las manifestaciones que tuvieron lugar en Salamanca hace un tiempo para protestar porque unos papeles de su archivo se llevaban a Cataluña. Cuánto más fácil va a ser en este caso sacar de León o de Castilla y León una documentación y un legado científico importante para nosotros ya que, lo sepa o no lo sepa la presidenta de nuestra Diputación, todo el patrimonio de la Fundación pasa automáticamente en caso de disolución a pertenecer al Ministerio de Cultura.

Y me asaltaba además la duda de si llegará el día en que las comunidades autónomas «morosas» salden la deuda que tienen contraída con la Fundación. Sería muy triste y hasta escandaloso que no lo hiciesen. Pero aún sería peor que por una decisión unilateral y arbitraria León interrumpiese el pago de una deuda que tenía contraída con su ilustre hijo adoptivo Don Claudio Sánchez Albornoz y que había comenzado a pagar hace veinticinco años con una gran ilusión y también con una unanimidad y un consenso que desde luego no iba a tener el final de esa trayectoria en el caso de que se confirmasen los temores de los más pesimistas. Y tengo que terminar diciendo que no me encuentro entre ellos porque me cuesta mucho creer que se vaya a consumar tamaño desatino.

tracking