El círculo del cien
Mar de fondo | carmen tapia
Ansiedad, depresión, estrés...Los psiquiatras alertan de un aumento de las patologías mentales asociadas a la escasa capacidad de frustración de la sociedad actual. La vida en la opulencia ha marcado carácter a toda una generación que ha tenido pocas ocasiones para desarrollar recursos de fortaleza emocional, la única que hace falta para desenvolverse por la vida. He leído muchas frases que definen la felicidad, pero de todas ellas me quedo con la reflexión del chileno Pablo Neruda: «Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas». Emprender el viaje del conocimiento interior no es fácil porque resulta más cómodo disfrazarse cada mañana y presentarse en sociedad con una tarjeta de visita manipulada. Creo que este gesto no significa mala voluntad, sino miedo. Miedo al rechazo social, miedo a dejar de ser queridos, miedo a la opinión de los demás, miedo a perder el trabajo, a no tener éxito, a no ser buenos padres, buenos hijos... El miedo al rechazo es lo que marca el comportamiento y saber expresar con asertividad lo que somos y nuestras necesidades resulta complicado. Forma parte de un proceso largo, tortuoso y valiente que implica sosiego, paciencia y buen humor. Saber interpretar las emociones requiere un máster en la vida. Por eso es tan importante educar a los niños para que conozcan el por qué de sus rabietas, sus miedos, sus enfados y sus rechazos. El psicólogo Bernabé Tierno hablará en León de la felicidad en momentos de crisis. Los orientales utilizan la misma palabra para definir crisis y oportunidad. Jean Paul Sastre decía que «felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace». Nadie sucumbe al círculo del cien. Si no tienes nada y te dan noventa y nueve, la reacción habitual es dedicar tu esfuerzo a conseguir cien. Es un error. Es legítimo no conformarse, pero hay que aceptar lo que uno es y tiene.