Diario de León
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La veleta | rafael monje

Hay un sistema sanitario excelente», concluye el consejero Francisco Javier Álvarez Guisasola en una de sus últimas intervenciones sobre la gripe A, y este aserto, por suerte, es difícil de rebatir. A este hombre, de perfil más técnico que político, se le ve venir enseguida, y esto es así, porque tengo la sensación de que va de frente, que ante las adversidades externas -y las internas, que seguro las hay a pares- se crece y aplica los criterios profesionales que sabe por razón de cargo y de experiencia profesional. Lo ha tenido a huevo este año con la nueva pandemia y, en cambio, no se ha dejado llevar por la tentación de la crítica fácil hacia el ministerio de Trinidad Jiménez. La aparición de un nuevo virus, como el H1N1, ha enfrentado a los responsables políticos ante numerosas disyuntivas, en un contexto de información confusa y de enorme desasosiego por encontrar rápidas respuestas que permitan plantear medidas adecuadas a una situación no prevista. Organizar protocolos, ¿pero cuáles?; ajustar actuaciones y decisiones, ¿pero cuáles también?, cuando la magnitud real del problema es desconocida, justamente por esa falta de información clara sobre la enfermedad tal y como sucedió al principio. Pero ahora que ha pasado un tiempo razonable desde la aparición del nuevo virus, podemos juzgar las actuaciones de la Consejería de Sanidad. Así, además de no caer en esa trampa del enfrentamiento ante un ministerio por el simple hecho de estar sustentado por un partido político diferente al suyo, lejos de eso, como digo, han trabajado coordinados, se han aplaudido las buenas decisiones y se han adoptado las medidas fijadas por el ministerio. Todo ello me lleva a colegir que Guisasola y los suyos han mantenido una actitud coherente y responsable, algo que, lamentablemente, es una rareza en estos tiempos de confrontación. Hemos podido comprobar cómo se ha dimensionado un grave problema con medidas acertadas y rápidas, pero sin exageraciones, ofreciendo de manera puntual información al público.

Si se fijan, ante la lógica preocupación colectiva por una pandemia como la de la gripe A, la sociedad ha reaccionado de forma correcta, con preocupación, sí, pero sin estridencias. Y en ello mucho habrá tenido que ver que haya recibido un mensaje de tranquilidad y de que, en definitiva, estemos en buenas manos, justo lo que se percibe en los comportamientos de algunos responsables políticos que, al menos sobre el papel, saben también lo que se traen entre manos. Y en estos tiempos de sospecha y de creciente incredulidad en determinados actores de la política, resulta un soplo de aire fresco y de confianza en nuestros dirigentes.

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